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ACTAS
DE LA
DE LA REPÚBLICA ARGENTINA
EN CÓRDOBA
TOMO VI
BUENOS AIRES
IMPRENTA DE PABLO E. CONI É HIJOS, ESPECIAL PARA OBRAS
680 — calle perú — 680
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1889
CONTRIBUCION AL CONOCIMIENTO
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DE LOS
MAMIFEROS
FOSILES
DE LA
REPÚBLICA ARGENTINA
OBRA ESCRITA BAJO LOS AUSPICIOS DE LA ACADEMIA NACIONAL DE CIENCIAS DE LA REPÚBLICA ARGENTINA PARA SER PRESENTADA Á LA EXPOSICION UNIVERSAL DE PARIS DE 1889
POR
FLORENTINO AME GEINO
Autor de Fii.ogrnia
Miembro activo de la Academia Nacional de Ciencias, Doctor Honoris Causa de la Facultad de Ciencias Físico- matemáticas de la Universidad Nacional de Córdoba,
Antiguo catedrático de Zoología y Anatomía comparada en la Universidad de Córdoba,
Ex-conservador de los museos de Paleontología, Antropología y Zoología de la misma Universidad, Ex-miembro académico de la Facultad de Ciencias Médicas, Ex-sub-clireetor del Museo de la provincia de Buenos Aires, Corresponsal del Instituto Geográfico Argentino, de la Sociedad Geográfica Argentina, etc., etc.
IMPRENTA DE PABLO E. CONI É HIJOS, ESPECIAL PARA OBRAS
680 — CALLE PERÚ — 680
1889
Concluyóse ele imprimir esta obra el 20 de Mayo de 1889
A Su Excelencia el Señor Presidente de la República
Doctor Don MIGUEL JUAREZ CELMAN
No olvida el autor los servicios recibidos de V. E., en su carrera científica , cuando erais Senador Nacional.
En prueba de agradecimiento, os dedica esta obra, colocándola bajo vuestra alta protección.
Florentino Ameghino.
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PRÓLOGO
La presente obra tiene por objeto dar una idea de las distintas faunas de mamí- feros, que se han sucedido en otras épocas en lo que hoy es el territorio de la República Argentina, y debe considerarse como una simple introducción que será mas tarde completada con el descubrimiento de nuevos materiales, y la aparición en el escenario de otras personas que, mas felices de lo que he sido y disponiendo de mayores recursos puedan en un cuadro mas vasto trazarnos un conjunto mas perfecto.
Desde hace quince años, vengo enriqueciendo la fauna de mamíferos extinguidos de nuestro suelo con numerosas formas de las que he publicado cortas descripciones, á menudo simples diagnosis, sin estar acompañadas de ilustraciones, siempre necesarias en este género de investigaciones, pero sí con el compromiso de ampliarlas é ilustrarlas tan luego como las circunstancias me lo permitieran. La conveniencia de cumplir tal compromiso, como la necesidad de reunir todos esos materiales en un conjunto que fuera accesible á los que se interesan en el adelanto de la ciencia, óá los que buscan en ellos datos geológicos que puedan servir afines industriales, era evidente, yen Febrero del año pasado (1888) decidí emprender este trabajo con el propósito de que pudiera que- dar concluido para figurar en la Exposición Universal que se inaugura en París en Mayo del presente año. La Academia Nacional de Ciencias de la República Argentina se ofreció á costear una parte de los gastos que exigía una obra costosa, que no me hubieran permitido llevar á buen término mis escasos recursos particulares; puse inmediata- mente manos á la obra, y hoy, después de 14 meses de trabajo incesante, al trazar estas líneas, tengo la satisfacción de dejar concluida la primera obra de conjunto que hasta ahora se haya publicado sobre los mamíferos fósiles de la República Argentina.
Sin duda dejará bastante que desear, y se notará mas de una imperfección, pero en una obra de estas proporciones, redactada, ilustrada é impresa en el corto término de un año, era imposible que llevara siempre á la par mi trabajo de redacción con el de los dibujadores, de los impresores y de los litógrafos. He hecho lo que huma-
VIII
MAMÍFEROS FÓSILES ARGENTINOS
ñámente me era posible. Pero el buen lino del lector, ayudado por la explicación de las láminas, salvará con facilidad esos vacíos é incorrecciones.
Consagrada esta obra al conocimiento de los mamíferos fósiles argentinos, se notará que también se encuentran incluidos en ella todos los actualmente existentes indígenas de nuestro suelo. Ello es debido, á que la mayor parte se encuentran igualmente fósiles, habiendo entonces creído útil citar todos los mamíferos argentinos existentes, con el objeto de hacer resaltar Jos claros, poniendo asi en evidencia cuáles son los que se han encontrado en estado fósil, la época de los terrenos en que han sido extraídos, y cuáles son los que por ahora á lo menos parecen presentarse como exclu- sivos de nuestra época; pero unas y otras, fósiles ó no, todas las especies actuales están simplemente enumeradas, pues su estudio minucioso no forma parte de la paleontología.
En un trabajo de conjunto de esta naturaleza, no podía extenderme en ciertos de- talles; asi que, de aquellas especies clásicas, como el Megatherium amcricanum , el Mylodon robustus, el Panochtus tuberculatus , etc., d escripias de una manera completa por Cuvier , Owen , Burmeister y otros sábios paleontólogos, solo doy un resúmen de sus principales caractéres, pues los que deseen mayores datos pueden encontrarlos en las obras publicadas de los mencionados autores, habiéndome extendido de preferencia sobre las especies y géneros nuevos ó muy poco conocidos.
Se notará igualmente que en la mayor parte de la obra solo lomo en consideración los cráneos, partes de cráneos ó la dentadura.
La razón es sencilla ; esas son las piezas que se recogen de preferencia porque son mas fácilmente determinadles, mientras que, los huesos del esqueleto, cuando no se encuentran acompañados de pedazos de cráneo ó de dentadura, si se trata de especies nuevas, no son fácilmente determinaba pudiendo agregarse que en muchos casos es con ellos hasta difícil de reconocer con seguridad el género. Es debido precisamente á la cantidad de huesos aislados que se han querido determinar sin conocimiento del cráneo, reuniéndolos á veces de varios individuos para montarlos en esqueleto, que se debe en gran parte la confusión de ciertas especies pampeanas, habiéndose así armado esqueletos híbridos de los que no se han vuelto á encontrar ni se encontrarán iguales. El ejemplo de la coraza del Glyplodon clavipes del Museo de Cirujanos de Londres al que se ha ingertado una cola de Hoplophoms quedará célebre.
En cuanto á los esqueletos montados en los museos con restos de individuos distintos, en la generalidad de los casos lo son con huesos de individuos de especies diferentes. Así todos los huesos de Lestodon, han sido atribuidos al Lestodon armcitus , mientras que hay varias especies del mencionado género. Todos los esqueletos de Scelidolherkm que conozco, considerados como Scelidotherium leptocephalum, son, con excepción de uno solo,
PRÓLOGO
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el que ha descrito Burmeister en la Osteología de los gravigrados, formados con restos de individuos de dos especies distintas, el verdadero S. leptocephalum y el S. Bravardi, á la que pertenece el esqueleto dibujado por Burmeister. Otro tanto sucede con los esqueletos de Mylodon , Pseudolestodon, etc.
Por otra parte la recolección de huesos fósiles habiéndose vuelto una industria hasta cierto punto lucrativa, á lo menos para aquellos que la hacen bajo un punto de vista mercantil, los coleccionistas salvo rarísimas excepciones, han contribuido no poco á esta confusión, pues siendo muy raro encontrar esqueletos completos, para obtener un precio mas elevado han tratado siempre de completarlos con restos de otros indivi- duos, que, desgraciadamente, no siempre eran de la misma especie.
Los esqueletos que se encuentran en estas condiciones, no deben ser tomados en cuenta para nada, y es mil veces preferible dejarlos incompletos, que completarlos con huesos sueltos de otros individuos, délos que no se tenga completa seguridad de que proceden de una misma especie. Y la determinación de los huesos aislados, es por eso mismo trabajo sumamente lento y de muchos años, pues solo pueden irse repartiendo, á medida que se encuentran piezas parecidas en contacto ó articuladas con partes características, como lo son casi siempre los cráneos, las mandíbulas y la denta- dura.
Por esto es que he pasado por alto una infinidad de piezas sueltas, pues así, repo- sando mi trabajo mas ó menos sobre la repetición de las mismas piezas, es evidente que no puedo haber incurrido en exageración en el número de especies, y que muy pocas pueden ser las puramente nominales.
No por eso dejará de estar mi obra exenta de errorés, pues solo los que no trabajan no los cometen, y en las investigaciones paleontológicas sobre los mamíferos extinguidos, por mas tino que en ellas se desplegue, se incurre con facilidad en falsas determina- ciones ó identificaciones erróneas.
Los objetos que se encuentran en la mayor parle de los yacimientos fosilíferos, son generalmente piezas sueltas, dientes aislados, fragmentos de mandíbulas y huesos de todas clases, reunidos á menudo sin orden alguno, de manera que no se puede afirmar quedos de ellos pertenezcan á un mismo individuo.
En tales condiciones, y á pesar de lo que se ha dicho de la ciencia del gran Cuvier, se tropieza en este caso con grandes dificultades. Tratándose de familias repre- sentadas por varios géneros muy cercanos, mas ó menos del mismo tamaño, y cada género con varias especies, todas ellas conocidas solo por reducidas partes del es- queleto ¿cómo poder distinguir los huesos que pertenecen á cada género y á cada es- pecie?
No siempre es fácil en medio de un cúmulo de piezas parecidas, reconocer qué muelas
X
MAMÍFEROS FÓSILES ARGENTINOS
de la mandíbula inferior deben corresponder á una especie fundada sobre muelas superiores, ó vice-versa, qué muelas superiores corresponden á una especie fundada sobre muelas inferiores, ó qué premolares corresponden á ciertos verdaderos molares, ó cuál es el tipo de los incisivos que corresponde á dos ó mas especies parecidas en lo demás de la dentadura, etc., etc.
Estas dificultades se presentan á cada paso. No se puede fundar sobre cada parte distinta del esqueleto ó de la dentadura una especie, pues estas se multiplicarían mucho mas allá de su número real, de modo que luego, á medida que se descubrieran nuevos materiales sería necesario irlas reuniendo de á dos, de á fresó mas en una sola, dejando detrás una lista de nombres y de sinónimos que fueron y son siempre el verdadero escollo que se opone á los progresos de la clasificación sistemática. Ni tampoco es posible siempre determinar si varias partes distintas que tienen entre sí ciertas analogías per- tenecen realmente á una sola y única especie, ó se refieren á dos ó mas especies afines.
En todo caso declaro que me ha guiado desde el principio hasta el fin, el pro- pósito bien determinado de no crear especies nuevas sin motivo bien justificado; que he tratado, tanto cuanto me ha sido posible de referir los nuevos restos á las espe- cies ya establecidas, y de reunir bajo un mismo nombre las partes distintas y aisladas que me parecían debían referirse á una misma especie.
En vista de las dificultades mencionadas, no es imposible haya incurrido en algunos errores, y que algunos de los restos descritos bajo un mismo nombre, puedan quizás mas tarde ser reconocidos como pertenecientes á especies distintas. Cuando eso suceda, los naturalistas y especialmente los paleontólogos que no ignoran las dificultades que para la determinación ofrecen las piezas encontradas en tales condiciones, no dudo sabrán mostrarse indulgentes, disculpándome de esos errores.
La masa de materiales que he tenido que reunir y consultar es enorme, como lo atestigua el hecho de que haya enumerado en mi Irabajo unas 570 especies de mamí- feros fósiles argentinos, de las que mas de 450 han sido fundadas por mí. Pero es justo declarar que, por mi solo esfuerzo, jamás hubiera podido alcanzar tan brillante resultado, que es debido á la cooperación valiosa de una falange de colaboradores, que, de la manera mas espontánea y desinteresada me han suministrado la mayor parte del material, y que sería ingratitud no recordar acá sus nombres.
Debo mencionar en primera línea mi hermano Carlos Ameghino que me ha acompa- ñado en estas investigaciones un considerable número de años, y ha luego recorrido en busca de fósiles los territorios mas desiertos é inhabitables de la República, ha- biendo descubierto él solo mas de la tercera parte de las especies de mamíferos fósi- les argentinos hoy conocidos. — El Dr. Oscar Doering, catedrático en la Universidad
PRÓLOGO
XI
de Córdoba, quien, en su calidad de Presidente déla Academia Nacional de Ciencias de 1a. República Argentina, no ha cesado un solo momento de prestarme su valioso concurso. — El Señor Pedro Scalabrini, profesor en la Escuela Normal del Paraná y Director del Museo provincial de Entre Ríos, que ha puesto á mi disposición la rica colección de fósiles oligocenos recogidos por él en las barrancas de la misma localidad. — Los señores Juan R. Ambrosetti, gefe de la sección zoológica, y Toribio E. Ortiz gefe de la sección paleontológica, del mismo Museo, infatigables colaboradores del profesor Scalabrini, que han recogido un considerable número de materiales que han puesto sin reserva á mi disposición. — El eminente profesor Alberto Gaudry, miembro del Instituto y Director de la sección palentológica del Museo de Historia Na- tural de París, que para facilitar mis estudios me ha obsequiado con una magnífica colección de moldes en yeso de fósiles típicos de Rueños Aires conservados en aquel Museo. — El Dr. Enrique Gervais, gefe de los trabajos anatómicos del Laboratorio de anatomía comparada en el Museo de Historia Natural de París, quien ha colaborado en mis primeras determinaciones, y me ha comunicado un cierto número de dibujos inéditos de fósiles pampeanos, particularmente una colección de dibujos y manuscritos dejados por el malogrado Bravard. — El Teniente Coronel Dr. Luis Jorge Fontana, Gobernador del territorio del Citubut, que ha puesto en mis manos todos los fósiles reunidos en su exploraciones en la Patagonia central. — El Dr. Adolfo Doering, miembro de la Academia Nacional de Ciencias y catedrático en la Facultad de Ciencias físico-matemá- ticas déla Universidad de Córdoba, quien me ha facilitado fósiles de distintas procedencias, me ha acompañado repetidas veces en mis escursiones y me ha comunicado preciosos datos geológicos. — El Teniente de Navio Carlos M. Moyano, ex-gobernador del territorio de Santa Cruz, que me ha entregado todos los fósiles por él recogidos en la Patagonia austral. — El Dr. Eduardo L. Holmberg, miembro de la Academia Nacional de Ciencias, Director del Parque 3 de Febrero, que repelidas veces me ha obsequiado con fósiles de distintas proce- dencias, entre ellos los primeros restos del Pachyrucos bonaeriensis. El Teniente General Julio A. Roca, ex-Presidente de la República, á quien debo la comunicación de las prime- ros huesos de dinosaurianos descubiertos en nuestro territorio, quien los había recibido del comandante Buratowich, descubrimiento importante que ha servido de fundamento para la determinación de los horizontes de la formaciones terciarias antiguas. — El Dr. Ar- turo de Seelstrang, miembro de la Academia Nacional de Ciencias, Décano de la Fa- cultad de ciencias físico-matemáticas de la Universidad de Córdoba, quien me ha co- municado varios fósiles de los alrededores de la ciudad de Córdoba. — El Dr. Esta- nislao S. Zeballos, miembro de la Academia Nacional de Ciencias, diputado nacional, quien continuamente me ha entregado todos los fósiles que ha podido reunir. — El Dr. Carlos Spegazzini, miembro de la Academia Nacional de Ciencias, profesor en el
XII
MAMIFEROS FÓSILES ARGENTINOS
Colegio Nacional de La Plata, á quien debo un cierto número de fósiles interesantes procedentes de las excavaciones del puerto de La Plata. — El Dr. Domingo Lovisato, miembro corresponsal de la Academia Nacional de Ciencias, Catedrático en la Univer- sidad de Cagliari, que me ba comunicado todos los fósiles que recogió en sus via- jes en la provincia de Buenos Aires, Patagonia y Tierra del Fuego. — El Dr. Brac- kebusch, miembro de la Academia Nacional de Ciencias, catedrático de mineralogía y geología en la Universidad de Córdoba, que me ha comunicado varios fósiles de los valles de la Sierra de Córdoba. — El Dr. Bodenbender, conservador del Museo paleon- tológico de la Universidad de Córdoba, que me lia obsequiado con varias piezas interesan- tes procedentes de los alrededores de la misma ciudad. — Los señores Ramón Lista, miembro de la Academia Nacional de Ciencias, Gobernador del territorio de Santa Cruz, y Capitán Cándido Eyroa ex-secretario de la misma Gobernación, quienes han prestado á mi hermano Garlos Amegliino en su expedición á la Patagonia austral, la mas decidida cooperación. — El señor Félix Lynch Arribálzaga, miembro de la Aca- demia Nacional de Ciencias, entomologista distinguido, quien me ha comunicado inte- resantes yacimientos fosilíferos de la región snd de la Provincia. — El presbítero Gerónimo Lavagna, director del Museo politécnico de Córdoba, que ha puesto á mi disposición los nu- merosos materiales por él recojidos. — El señor León Lelong Thévenet, infatigable coleccio- nista residente en la ciudad del Paraná, quien ha igualmente puesto á mi disposición todo el gran material de que dispone, en el que hay piezas verdaderamente inte- resantísimas. — El erudito ex-Director de la Biblioteca y del Archivo nacional, señor Ricardo Trelles, que me ha comunicado varios fósiles de la colección Bravard. — El erudito publicista Dr. D. Andrés Lamas, que ha puesto á mi disposición los materiales de que dispone, y me ha comunicado diversos dibujos inéditos de fósiles, que fueron del conocido presbítero é historiador oriental Dámaso Larrañaga. — El señor Enrique de Cárles, naturalista viajero del Museo Nacional, que me ha facilitado diferentes ma- teriales de comparación indispensables. — El señor José M. Muñíz que ha depositado en mis manos todos los manuscritos de su malogrado padre, el Dr. Francisco Javier Muñiz, el primer argentino que se ocupó en el estudio de los fósiles de nuestro suelo. — El señor Santiago Pozzi, primer preparador de paleontología en el Museo de La Plata, quien en el corto espacio de tiempo que permanecí en ese establecimiento, me ha pres- tado en el estudio de los fósiles pampeanos, todo su valioso concurso. — El capitán de ingenieros militares (hoy Teniente Coronel) D. Jorge Rhode que me ha obsequiado con una considerable cantidad de fósiles recojidos por él en los territorios de la Pampa y de la Patagonia setentrional, que solo ha podido trasportar á costa de grandes sacri- ficios. — El Capitán Antonio Romero, que me ha obsequiado con distintos fósiles proce- dentes de los territorios del Chaco y del Neuquen, entre ellos los primeros restos del
PRÓLOGO
XIII
jiganlesco paquidermo llamado Pyrotherium. — El ingeniero E. Godoy que me ha facilitado algunos fósiles procedentes del interior de la República. — El distinguido historiador Dr. Angel Justiniano Carranza, auditor general de guerra, que ha puesto á mi disposición los fósiles que conserva en sus colecciones. — El distinguido Dr. Christian Heusser, autor de un notable ensayo físico sobre la provincia de Buenos Aires, que me ha comunicado interesantes materiales procedentes de distintos puntos de la provincia. — El Dr. Jorge Claráz, colaborador del Dr. Heusser en el ensayo mencionado, que me ha comuni- cado interesantísimos d^tos geológicos recojidos en sus viajes. — El señor Emilio Carba- jal, Director del Instituto Mercantil, que ha puesto á mi disposición la colección de fósiles pampeanos que ha reunido en el establecimiento. — Mi hermano Juan Ameghino, que me ha entregado varios fósiles interesantes recojidos por él en la provincia de Buenos Aires y en la República Oriental del Uruguay. — El hábil coleccionista Señor San- tiago Roth que me ha facilitado varios objetos que me eran necesarios y una serie de fotografías de las piezas mas interesantes de su colección. — El Dr. Cristafolleti que me ha obsequiado con varias piezas interesantísimas procedentes de la excavaciones del puerto de La Plata. — El Señor Angel Fiorini, que ha puesto su colección á mi disposición, en la que he encontrado objetos importantes procedentes de las provincias de Buenos Aires, Entre Ríos, Córdoba y el Norte de la República. — El Señor José Varas de la redacción de La Nación, á quien debo un interesante tubo de Hoplophorus procedente del partido del Monte. — El Señor José Larroque, coleccionista, que me ha facilitado varias piezas procedentes del Oeste y Norte de la provincia. — La señora Petrona Eguía de Molina, que ha puesto á mi disposición la numerosa colección de fósiles argentinos que fué del finado Manuel Eguía, á quien tanto debe la paleontología ar- gentina.— El Señor Julio Migoya que me ha facilitado algunas piezas interesantes, entre otras, muelas superiores del Mastodon rectas. La señora Eloísa González de Andrade, viuda del malogrado poeta Olegario V. Andrade, que me ha proporcionado distintas piezas, entre otras, el tubo caudal del Plohophorus orientalis. Por fin, no puedo omitir tam- poco el nombre del eminente Director del Museo Nacional Dr. Germán Burmeister, por haberme permitido el uso de la biblioteca del establecimiento, la mas rica sobre la materia, que exista en el país. Los caballeros mencionados, y aquellos que involunta- riamente haya olvidado ó que por distintas causas no haya podido recordar acá sus nom- bres, al hacerme un servicio, lo han hecho igualmente ala ciencia. Reciban todos la ex- presión sincera de mi mas profundo reconocimiento. — Pero si es justo que tribute un homenage y manifieste mi gratitud hacia los que me han ayudado, es igualmente equitativo mencione la única excepción, la del Dr. Francisco P. Moreno, Director del Museo de La Plata, que no ha omitido esfuerzo para impedir la realización de mi trabajo, lo que ha alcanzado en parte, pues á él se debe que un cierto número de
XIV
MAMÍFEROS FÓSILES ARGENTINOS
especies fundadas por mí en publicaciones anteriores, no estén acompañadas de ilustra- ciones, por encontrarse los materiales por mí reunidos, en el Museo de que por desgracia para la ciencia es él Director.
Florentino Ameghino.
Buenos Aires, Marzo de 1889.
Nota. No hubiera dicho una palabra al respecto, si no fueran los compromisos morales contraidos con el mundo científico, que, de no cumplirlos me perderían por completo en la estimación de los hombres de ciencia y concluirían con la pequeña reputación cientí- fica que pueda haber adquirido siempre que una causa mayor ajena á mi voluntad no justificara tal falta de cumplimiento. Esa causa mayor es la actitud del Dr. Moreno en cuyo poder (en el establecimiento que él dirije), se encuentran los materiales que había reunido para dar cumplimiento á la palabra empeñada.
Mi pluma se resiste, á menos que no me vea obligado á ello, ¿i trazar las causas que han motivado mi alejamiento de dicha persona, pero transcribo á continuación algunos documentos que constituyen el epílogo, y bastan para disculparme ante mis colegas.
La Plata, Enero 17 de 1888.
Al Exmo. Señor Ministro de Obras Públicas, Dr. D. Manuel B. Gonnel.
Cuando á mediados de 1886 fui nombrado Secretario sub-director del Museo de la provincia, acepté por repetidas instancias de su Di- rector el Dr. Francisco P. Moreno, quien con un cúmulo de promesas consiguió hacerme abandonar un empleo en el que gozaba de mayor sueldo, de mas libertad y de mayores elementos de trabajo.
Al Dr. Moreno le constaba que me había dedicado especialmente al estudio de los vertebrados fósiles de la República Argentina, y acepté el cargo que se me ofrecía con la condición de poder continuar mis trabajos y creyendo que esa posición me sería ventajosa para propender á un conocimiento científico de la paleontología estratigráfica de la República, — pero me engañaba... Pasó todo el año 86 ocupado en el trabajo puramente material del arreglo de las coleciones en la esperanza de que al siguiente aparecerían los prometidos Anales del Museo ; como pasarán sin duda el 88 y el 89, y si alguna vez dicha publicación llega á aparecer, á juzgar por el carácter del Señor Moreno, serán probablemente algunas entregas de costosas ilustraciones que agolarán fondos sin resultado científico práctico.
No he exigido del Señor Director del Museo que costeara la impresión de mis trabajos; he pedido simplemento lo que á nadie se podría negar sin cometer una injusticia, — que, mientras el museo no tuviera publicaciones propias, me permitiera que yo publicara mis estu- dios en la forma que me fuera mas conveniente, contestándome que no permitiría la descripción é ilustración de objetos del estableci- miento fuera de los Anales del Museo , y como estos se publicarán quien sabe cuando, mis estudios saldrían, esto si se publicaran al- guna vez, cuando ya no tuvieran interés, ó cuando fuera necesario empezarlos de nuevo, como me sucede ahora con la Monografía de los toxodontes, impresa en Mayo del 87, páralos Anales del Museo, pero de la que solo he repartido un limitadísimo número de ejem- plares. Las investigaciones científicas marchan tan de prisa que ese trabajo en gran parte ya solo tiene un valor histórico, y su distribución por el Museo un año ó dos después de impreso será, por no emplear otros términos, sencillamente una ridiculez.
No puedo avenirme á este papel, pues no necesito del beneplácito ni del visto bueno del Dr. Moreno, para cumplir con mi deber hácia la sociedad, pues solo personas dominadas por un egoísmo desmedido pueden guardar para sí los resultados de sus trabajos, ó poner tra- bas á otros para que no los den á la publicidad.
Habíame propuesto concluir este año el catálogo de los mamíferos extinguidos de la República Argentina, acompañado de una descrip- ción de todas las especies hasta ahora conocidas, de sus relaciones fdogénicas y de su distribución geológica y geográfica, trabajo de la mayor importancia científica por cuanto vendría á ser la base de la división estratigráfica de los terrenos sedimentarios de nuestro suelo, cuyos datos serían preciosos para una multitud de industrias.
Ese trabajo lo llevaré á cabo á pesar de todo, con la única diferencia de que no será tan completo como si hubiese podido disponer de las colecciones del Museo; pero no puedo dispensarme de poner en conocimiento de V. S. cuales son los materiales cuyo acceso se pretende negarme.
Esos materiales son mi antigua colección particular comprada por el Exmo. gobierno á instancias del Dr. Moreno, áquienie consta no quería enajenarla, pues tenía un vago presentimiento de lo que iba á suceder, y que acepté por ella lo- que buenamente se me ofreció; son los objetos que recogí personalmente en Monte Hermoso, siendo empleado del Museo, pero por cuyo viage no he cobrado un centa- vo, siendo por consiguiente dichos objetos de mi propiedad: son por último las colecciones que acaba de traer mi hemano Carlos Ame- ghino de la Patagonia austral, por cuyo trabajo ha recibido una recompensa pecuniaria irrisoria, siendo luego despedido del estableci- miento, viaje que ha hecho á instancias mias, y cuyo buen resultado se debe, no tanto á los escasos fondos suministrados por el museo, cuanto á mis relaciones personales que le han proporcionado gratuitamente en aquellas regiones los medios de trasporte necesarios, sin los cuales la expedición hubiera sufrido un fracaso total.
PRÓLOGO
xv
Vine al Museo animado de la mejor buena voluntad, y durante el tiempo que he permanecido en él, no he omitido esfuerzos, aunque inútiles, para tratar de regularizar su marcha interna.
Hoy puedo decir que he sufrido acá la mas grande decepción de mi vida. . . mi permanencia en el museo es ya inútil é incompatible con la de un director dominado por sentimientos de swpérflua ostentación y alucinaciones de grandeza, que de continuar serán en nuestro país una rémora desastrosa á las investigaciones científicas de carácter sério y desprovistas de charlatanería.
En vista de lo expuesto, tengo el honor de elevar á V. S. mi renuncia indeclinable del cargo de secretario sub-director del museo; pero como los estudios que tengo empezados tienen un fin de utilidad pública, práctico y cientifico á la vez, pido lo que es justicia, se me conceda el derecho de completar mis trabajos ordenando al director del Museo ponga á mi disposición las colecciones de paleonto- logía en las horas en que el establecimiento está abierto al servicio público.
Ruego al Señor Ministro quiera recibir la expresión de mi mas profundo respeto y consideración.
Florentino Ameghino.
Partícula!'.
La Plata, Enero 31 de 1888.
Al Dr. D. Manuel B. Gonnet, Ministro de Obras públicas de la provincia.
Muy respetable señor :
He reflexionado sobre lo que V. E. tuvo la deferencia de proponerme el sábado último, y encuentro que lo que se me exige no se ajusta á mi carácter acostumbrado siempre á llamar la cosas por sus nombres.
Si en mi nota se hubiera deslisado involuntariamente alguna palabra ofensiva para el Exmo. Gobierno, no titubearía un instante en da las satisfacciones que se me exigieran, pero pedirme que modifique los términos de mi renuncia de sub-director del Museo, motivada por los procedimientos irregulares del Dr. F. P. Moreno como Director, cuando tengo mi conciencia tranquila y la convicción de haber cumplido con mi deber, me parece poco correcto, ó á lo menos poco decoroso para mi nombre si me prestara á ello.
El conflicto sobrevenido con el Director del Museo tiene mayor trascendencia que la que sin duda le ha dado el recto é ilustrado Go- bierno de que V. E. forma parte, y por su naturaleza está destinado á salvar los límites de la Provincia y de la República, para ser juz- gado en todas partes del mundo civilizado en donde haya personas que sigan con interés el movimiento científico de los distintos ramos del saber humano que mas ó menos directamente se ligan á los estudios para cuyo fomento fué creado el Museo de La Plata.
Después de haber aparecido en las columnas de los periódicos el texto de mi renuncia, después de haber recibido de personas respe- tabilísimas de distintos puntos de la República la expresión de su sentimiento por mi separación del Museo acompañada por la aproba- ción de mi actitud como la única que ponía á salvo mi dignidad personal y mi humilde reputación científica, y cuando tengo la con- vicción de que me asiste la razón como lo demostraré en oportunidad probando que el Dr. F. P. Moreno ha faltado á su palabra de caballero, juzgo infinitamente mas honroso para mi ser destituido del empleo que desempeñaba, que modificar ios términos de mi renun- cia, á lo menos en lo que al Director del Museo se refieren.
Si mi destitución en estas condiciones llega á considerarse motivo suficiente para que no se me permita el acceso de las colecciones para proseguir mis estudios, paciencia!. .. se me negará lo que espontáneamente me ofrecen los museos del extrangero ! — Trataré en- tonces de pasarme de esos materiales, así á lo menos, cuando no pueda completar á mi satisfacción algún trabajo, siempre me quedará a escusa de que ello es debido á la prohibición de consultar las colecciones del Museo, — y, que los que disponen de ellas como propie- dad particular hagan luego mejor.
Agradezco infinito los móviles que han impulsado á V. E. á tenerla deferencia de pedirme el retiro de mi renuncia en la forma expre- sa, y con el mayor sentimiento por no poder acceder á tal deseo, créame siempre sumas respetuoso y atento servidor Q. B. S. M.
Florentino Ameghino.
La Plata, Febrero 25 de 1888.
Habiendo presentado renuncia del puesto de secretario sub-director del Museo de esta ciudad D. Florentino Ameghino, y estando dicha renuncia concebida en términos cuya inconveniencia, respecto del Director de esa repartición, no puede dejarse sin correctivo, el Poder Ejecutivo.
DECRETA
Art. Io. — Devuélvasela renuncia interpuesta y exonérese del puesto de secretario sub-director del Museo á D. Florentino Ameghino.
XVI
MAMÍFEROS FÓSILES ARGENTINOS
Art. 2o. — Sin perjuicio de lo anterior, el señor Ameghino podrá en las horas y dias en que el Museo está abierto para el público, estu- diar las colecciones de paleontología que allí existen, de acuerdo á los reglamentos del establecimiento.
Comuniqúese, etc.
M. PAZ.
Manuel B. Gonnet.
Reglamentos del Museo nunca han existido. Pocos dias después de publicado el precedente decreto, el Museo de La Plata, abierto an- tes al público todos los dias, cerraba sus puertas con el pretexto de una exposición industrial que se había abierto en parte de los salo- nes. Concluida la exposición mencionada, se anunció que no se abriría al público hasta el 19 de Noviembre del mismo año en cuya fecha se haría su quinta ó sexta inauguración, lo que no puedo precisar pues ya he perdido la cuenta de ellas. El 19 de Noviembre, sexto aniversario de la fundación de La Plata, se abrieron en efecto las puertas del Museo declarándolo su director abierto al servicio público, pero habiéndose probablemente notado mi presencia, fueron luego cerrados los salones destinados á la paleontología, quedando sin duda reservados para otra inauguración (pues parece reserva una para cada nuevo gobernador de la provincia), que no estaría de mas anun- ciara á la manera de los saltimbanquis de teatro, como la última representación.
Omito comentarios sobre el inusitado é injustificable proceder del director del Museo, pues no encontraría en nuestra lengua términos cultos suficientemente severos para expresarlos.
ÍNDICE DE MATERIAS
Páginas
Resumen histórico 1
Algunas palabras sobre la nomenclatura zoológica aplicada á
la paleontología , .. 9
Resúmen geológico . 13
Cuadro de las formaciones cenozoicas de la República Ar- gentina 14
Límites entre las formaciones secundarias y terciarias 15
Piso pehuenche 15
Formación santacruzeña 16
Piso sub-patagónico 16
Piso santa-cruzeño 17
La formación basáltica y el antiguo continente patagónico.. 19
Formación patagónica 20
Piso paranense 20
Piso mesopotámico 21
Piso patagónico 22
Formación araucana 23
Piso araucano 21
Piso hermósico 25
Piso pehuenche 26
Formación pampeana 27
Piso pampeano inferior ó ensenadense 20
Piso pampeano medio ó belgranense 3L
Piso pampeano superior ó bonaerense 32
Piso pampeano lacustre ó lujanense 33
Formación tehuelche ó erótica 36
Rodados de la Patagonia y época glacial 36
Terrenos post-pampeanos 37
Piso querandino 38
Piso platense 39
Piso aymará 40
Piso ariano 42
MAMMALIA
DIT11EMATA
HETER0D0NTA
PLAIVUIVGULATA
Anthropoidea 45
HOMINIDA 45
Resúmen de nuestros conocimientos sobre el hombre fósil argentino 45
Páginas
Reseña histórica
Cuadro de las subdivisiones de la época antropozoica en el
Plata
El hombre en la época cuaternaria
Época mesolítica
Arroyo de Frias
Cañada de Rocha
Partido de Juárez.
Rio Negro de Patagonia
Córdoba
Época paleolítica
Tandil
Montevideo
Córdoba
Lobos
Villa de Lujan
La Plata
Bahia Blanca
Época eolítica
El hombre en el terciario superior ó plioceno
Piso lujanense ó pampeano lacustre
Mercedes
Arroyo de Marcos Diaz
Villa de Lujan
Azul
Bahia Blanca
Piso bonaerense ó pampeano superior
Villa de Lujan
Mercedes.
Arroyo Samborombon
Rio de Arrecifes
Rio Carcarañá
Córdoba
Piso belgranense ó pampeano medio
Villa de Lujan
La Plata
Piso ensenadense ó pampeano inferior
Buenos Aires
La Plata.
Condiciones de existencia del hombre durante la época pam- peana ó pliocena
El hombre de la época miocena y sus vestigios en la forma- ción araucana
Caractéres físico-osteológicos del hombre fósil argentino. . .
Restos humanos del cuaternario superior
Restos humanos del cuaternario inferior
Restos humanos del piso lujanense
Restos humanos del piso bonaerense
Restos humanos del piso ensenadense
Caractéres del precursor ó de los precursores del hombre en la época miocena
46
48
49
50 50 50 52
52
53
53
54
54
55
56
56
57
58 60 60 60 61 62 62 61 61
64
65
65
66 66
67
68 69 69
69
70
70
71
72
77
81
83
83
83
85
85
XVIII
MAMÍFEROS FÓSILES ARGENTINOS
Simioidea
Platyrrhini
Cebidce
Mycetes
carayá
Cebus
libidinosus
Pilhecidce
Nyctipithecus
felinus
Arctophiteci..
Hapalidce
Hapale..
penicillata
Prosimia
Eosimia
Daubentonioidea
liolodonta
Condilarthra
Platyarthra
Observaciones generales sobre los Planungulados
Páginas
100
100
100
100
100
100
100
101
101
101
101
101
101
101
102
102
102
103
103
103
101
UNGUICULATA
TR0G0D0NTA
Tseniodonla
Tillodonla
Trogosa
Hodentia
Lacomorpha
Leporidce
Lepus
braziliensis
aff, braziliensis. .
SciUROMORPHA
Myomorpha
Hesperomyidoe . .
Reithrodon
typicus
typicus fossilis. . cuniculoides chinchilloides. . .
Ptyssophorus
elegans
Oxymycterus
rofus •
rufus fossilis —
impexus
Habrotbrix
arenicola
arenicola fossilis
micropus
obscuros
internus
Calorays
griseo-flavus
Bravardi
elegans
anguya
canescens
xantorhinus
longicaudatus. . . magellanicus. . . .
106
105
106 106
107
108 108 108 108 108 109 109
109
110 110 111 111 111 111 111 112 112 112 113 113 113 113 113
113
114 114 114
114
115 115 115 115 115 115
Calomys xanthopygos bimaculatus. . . .
flavescens
auritus
Holochilus
vulpinus
multannus
Bothriomys
catenatus
Hesperorays
tener
molitor
Tretomys
atavus
Necromys
conifer
HvSTRIf.OMORPHA
Pnradoxomid(R
Paradoxomys
cancrivorus
patagónicas . . . .
Cercolabidce
Acarerays
murinus. . . . . . .
messor
minutus
minutissimus. .
Sciamys
principalis
varians
Steiromys
detentus
duplicatus
Sphingurus
prebensilis
insidiosus
Dasyproctidae .
Dasyprocta
Azarae.
Echinomyidae
Myopotamus
coypus
coypus fossilis.
priscus
paranensis
diligens
Neoreomys
australis
indivisus
decisus
insulatus
Scleromys
angustus
Adelphomys
candidus
Stichomys
regularis
constans
Spaniomys
riparius
modestus — , .
Tribodon
clemens
Eumysops
plicatus
Páginas
116
116
116
116
116
116
117
118 118 118 118 119 119
119
120 120 121 122 122 122 124
124
125
125
126 126 126 127 127
127
128 129
129
130 130
130
131 131 131
131
132
132
133
133
134
135
136
136
137
137
138 138
138
139
139
140 140
140 14 L
141
141
142 142 142 113
ÍNDICE DE MATERIAS
XIX
Páginas
Eumysops leeviplicatus 144
robustus 144
Olenopsis 145
uncí ñus 145
Morenia 146
elephantina 146
complacita 148
Discolomys 148
cuneus 148
Orthomys 150
dentatus. 150
proeedens 150
resecans 151
Observaciones generales sobre los Echinomydae 151
Octodonlidae 153
Ctenomys 154
brasiliensis 154
bonaerensis 154
magellanicus 155
magellanicus fossilis 155
lujanensis 155
Dicoelophorus 150
latidens 157
simplex 158
celsus 159
priscus 159
Phtoramys 160
homogenidens 160
Plataeomys 161
scindens 161
Pithanotomys 162
columnaris 162
similis 164
intermedius 164
macer 165
cordubensis 165
Schizodon 166
fuscus 166
Observacioness generales sobre los Octodonlidec 166
CapromyidcB 167
Eryomyidce 167
Sphaeromys 169
irruptus 169
Sphodromys 169
scalaris 170
Sphiggomys 170
zonatus 170
Perimys 170
erutus 171
onustus 172
proceras 172
Pliolagostomus 172
notatus 173
Prolagostomus pusillus 173
divi sus 174
profluens 174
imperialis 175
Lagostomus ' 175
Representantes fósiles del género Lagostomus 175
Lagostomus tricodactylus 179
tricodactylus fossilis 179
tricodactylus f. angustidens 179
debilis 179
minimus 180
cavifrons 180
Páginas
Lagostomus heterogenidens 182
incisus 182
spicatus.. 184
antiquus 184
pallidens 185
lateralis 185
primigenius 186
Scoteeumys 188
imminutus i 189
I.agidium 189
peruanum.. 189
Eriomys 189
laniger 189
Megamys 189
patagoniensis 194
Laurillardi 198
depressidens 199
Holmbergii 201
Racedi 203
prsependens 205
Burmeisteri 206
formosus 207
Neoepiblema 208
horridula 208
Tetrastylus 209
lee viga tus 209
diffissus 210
Observaciones generales sobre los Eryomyi'dee 211
Caviidce i 212
Eocardia 214
montana.... 214
divisa 215
perforata 215
Schistomys 216
erro 216
Phanomys 217
mixtus 217
Hedymys 217
integras 218
Orthomyctera 218
rigens 218
vaga 219
lata 220
lacunosa 220
Dolichotis 221
patachonica 221
patachonica fossilis 221
minor 221
major.... 221
intermedia...... 222
platycephala 223
Cerodon 224
leucoblepharus 224
australis 225
turgeo 225
antiquus 225
priscus 226
pygmeus 226
(?) breviplicatus 227
Microcavia 227
typica 228
robusta 228
intermedia 229
dubia 230
uncí nata 230
XX
MAMÍFEROS FÓSILES ARGENTINOS
Páginas
Microcavia prona 330
Palseocavia 231
impar 231
a vita 232
pampasa 233
minuta 233
Cavia 233
porcella 234
porcella fossilis 234
Neoprocavia 235
mesopotamica 235
Cardiomys 236
cavinus 236
Cardiodon 237
Marsh» 237
Anchimys 238
Leidyi 239
Procardiotherium 240
simplieidens 230
crassum 241
Phugatherium 241
cataclisticum 212
Cardiotherium 242
Doeringii 211
petrosum 217
denticulatum 2 18
minutum 249
Diocartherium 249
australe 250
Plexochcerus. . . . 250
paranensis 250
adluis 252
Hydrochoerus 253
capybara 253
capybara fossilis 254
giganteus 254
magnus . 255
perturbidus 255
Caviodon 256
multiplicatus 256
obtritus 258
S trata 259
elevata 259
Incertoe sedis 259
Callodontomys vastatus 259
Observaciones generales sobre los Cavidae y los otros gran- des grupos de roedores sud-americanos 260
ALLOIDEA 263
Insectívora 263
Microbiotheria 263
Microbiotheridce 264
Microbiotherium 264
patagonicum 264
tehuelchum 265
Stilotherium 265
dissimile 265
Peramelia 266
Maeropoda 266
Macropodidce 267
Macropristis 267
Marsh» , 267
Plagiaulacoidea 268
A bderitesidce 269
Abderites 269
meridionalis 269
Páginas
Epanortidce 270
Acdestis 270
Owenii 270
Epanorthus 271
A ratee 272
Lemoinei 273
pacbygnatus 273
intermedius 274
minutus 274
pressiforatus 274
Observaciones sobre los representantes del orden de los Pla- giaulacoidea 275
SARCOBORA 276
Phonoetonia 276
Pcdimana 277
Didelphydce 277
Didelphys 277
Azaree 278
Azara fossilis 278
Azara m. antigua 278
lujanensis,. 279
inexpectata 279
triforata 280
incerta 280
juga 281
grandeva 281
crassicaudata 282
crassicaudata fossilis . . 282
dorsigera 282
elegans 282
elegans fossilis 282
cinérea 282
cinérea fossilis 282
Dimerodon 282
mutilatus 283
Consideraciones generales sobre los Didelphydce 283
DASYÜRA 284
Creodonla 285
Cladosictis 286
patagónica 286
Hathlincynus 286
lustratus 286
Agustylus... 287
cynoides 287
Borhyaena 288
tuberata 288
Anatherium 289
defossus 289
Acrocyon 289
sectorius 289
Acyon - 290
tricuspidatus 290
bardus 292
Sipalocyon 292
grácil i s 292
Observaciones generales sobre los creodontes 293
Carnívora 294
C anides 295
Gañís 295
ensenadensis 297
Azara Azara 298
Azara m. fossilis 298
Azara m. antiquus 298
cultridens 299
gracilis.... 300
INDICE DE MATERIAS
XXI
Páginas
Canis griseus 300
bonaerensis 301
jubatus i. ... i 302
protojubatus 303
culpeus . 303
avus 303
cancrivorus 301
Lydekkeri 305
lycodes 305
acutus..... 305
paranensis 306
Macrocyon 306
robustus 307
Consideraciones generales sobre los representantes de la
familia de los Cánidos 309
Sub-ursidce 312
Nasua 313
narica 313
Cyonasua 313
argentina 313
Ursidce 315
Arctotherium 315
bonaeriense 318
angustidens 318
vetustum 319
Mustelidwtí , 321
Lutra...... 321
paranensis 321
Gallictis 321
barbara 321
vittata 321
Mephitis 322
suffocans 322
primeeva 322
mercedensis 323
cordubensis * 323
Lyncodon 324
patngonicus 324
lujauensis 324
Felidce 325
Felis 326
yaguarundí 327
eyra 327
pajero 327
coloco! o 327
Geoffroyi 327
mitis . 327
longifrons 327
concolor 329
concolor fossilis 329
platensis 329
onga 330
onga fossilis 330
onga m. antíquua 331
palustris 331
Smilodon . ... 333
populator 336
Maehserodus 339
ensenadensis 339
Apera 340
sanguinaria 310
Observaciones filogénicas sobre los Felides argentinos 341
Pinnipedia 342
Phocidce 342
Arctophoca 342
Páginas
Arctophoca Fischeri 342
Otaria 343
jubata 313
Algunas observaciones sobre el encadenamiento filogénico
de los mamíferos carniceros en general 343
ARGHjEOIDEA . . 346
Atava 317
Plias col o Ihe ría 347
Stilodontheria 347
Mirmecobia 348
PTETICA
Proeliiroptera 348
Chiroptera 318
Philloslomidm 349
Phyllostoma 349
superciliatum 349
lineotum 349
lilium 319
Glossophaga 349
ecaudata. 349
Desmodus 350
rotundatum 350
D’Orbignyii 350
Drachyuridce 350
Noctilio 350
leporinus 350
Gymnuridce 351
Nyctinomus 351
nasutus 351
Promops’ 351
bonaerensis 351
Vespertiliónidos 351
Nycticejus 351
ruber 351
Atalapha 351
bonaerensis 351
villosissima 352
Vespertilio 352
Isidori 352
Vesperugo 352
nigricans 352
Vesperus 352
velatus 352
montanus 352
HYDROT1IEREUTA
Zeugdodonta 353
Saurocetes. 353
argentinus 353
UNGULATA
AMPHIDAGTYLA 355
Hiraeoidea n.55
Toxodontia 355
Reseña histórica 356
Afinidades y colocación zoológica de los Toxodontes 360
XXII
MAMÍFEROS FÓSILES ARGENTINOS
Páginas
Toxodontidce 375
Toxodon 373
platensis 387
ensenadensis 333
paranensis 334
bilobidens 38fi
Burmeisteri 337
proto-Burmeisteri 338
Danvinii 388
paradoxus 339
virgatus 389
graciíis 390
Toxodontherium 394
compressum 392
Haplodontherium 3g4
Wildei 395
linrnm 396
Dílobodon 397
lujanensis 398
lutarius 399
Trigodon 399
Gaadryi 400
Observaciones generales sobre los representantes de la fami- lia de los Toxodontes 401
Xotodontidce 402
Eutomodus 403
elautus 403
Xotodon 403
foricurvatus 404
prominens 407
Stenotephanos 409
plicidens 499
speciosus 411
Lithops 413
praevius 413
Observaciones generales sobre los Xotodontid® 413
Typotheridc e 414
Typotherium 444
insigne 417
cristatum 418
masndrum 419
pachygnatum 419
exiguum 420
Entelomorphus 421
rotundatus 421
Pachyrucos! 422
typicus 428
teres 429
trivius... 429
absis 429
nsevius 430
Moyani 430
ictus 431
bonaerensis 432
impressus 433
diminutus 434
Hegetotherium 436
mirabile 438
strigatnm 439
Observaciones generales sobre los Typotheridas 439
Protoxodontidce 439
Protoxodon 440
Sulivani 443
conspurcatus 445
marmoratus 445
Protoxodon obliteratus
Adinotherium
magister ,
splendidura
proxiinum
ferum
nilidum
Acrotheriurn
rusticum
Phobereotherium
sil va ticuna
Adelphotherium
ligatura
Gronotheriurn
decrepitura . (
Rhadinotheriura
liraitatum
Colpodon
propinarais
Observaciones generales sobre los Protoxodontidaa
Interatheridce
Interatherium
rodens
superaran
Icochiius
extensus
excavatus
undulatus
rotundatus
Protypotherium
antiquura
australis
preerutilura
attenuatum
obstructum..
claudum
Patriarchus
palmidens
Observaciones generales sobre el grupo de los Interatheridae.
Atryptheridac
Atryptherium
bifurcatura
Scopotherium
cyclops
Nesodon
ovinus
imbricatus
Observaciones generales sobre el orden de los Toxodontes . .
CR1STAVA
ARCHAEODONTA
PERISSODÁCTYLA
Stereop terna
Tapiridae.
Tapirus
americanus
Ribodon
limbatus
Antaodon
cinctus — .
Rhinoceridae
Plicatodon
perrarus
Equidce
Equus
curvidens
Páginas
448
448
450
452
453
454
455
455
456
457
457
458 458 460
460
461
461
462 462 461 465 465
467
468
469
471
472
473
473
474
477
478
478
479
479
480
480
481
481
482 482
482
483 483 485
487
488
489
490
491
491
492
492
493 493 493 493
496
497
499
500
500
502
503
501
ÍNDICE DE MATERIAS
XXIII
Equus argentinus ....
rectidens
Hippidion
neogaeus
principalis
compressidens .
angulatus
Hipph aplus
entrerianus
Bravardi
antiquus
Litopterna
Macrauchenidte
Macrauchenia
patachonica. . . .
boliviensis
antiqua
ensenadensis. . . Scalabrinitherium
Bravardi
Rothii
Oxyodontherium
Zeballosi
Diastomicodon
lujanensis
Mesorhinus
pyramidatus
Theosodon
Lydekkeri
Ilomalodontolheridai . . Homalodontotherium . . Cunninghami. . .
Prolerotheridai
Proterotherium
cervioides
americanum
australe
(?) cavum
Brachytherium
cuspidatum
Thoatherium
minusculum. . . .
Diadiaphorus
velox
majusculus. . . .
Licaphrium
Floweri
parvulum
Epitherium
laternarium. . . .
ARTI0DACT1LA
Stereoarthra.. .
Suiua
Suido*
Dicotyles
taja cu
tajacu fossilis'.
labiatus
stenocephalus ? Proruminantia
OreodontidcR
Diplotremus
agrestis
Iluminan tia
Camélidos,
Páginas
501
505
513
515
516
511
520
521
521
522
522
523 523 525 529
529
530
532
533 538
512
513 513 516 516 511
511 549 549 551
551
552 554 556
558
559
559
560 501
561
565
566 566 566
. 561
568
568
569 , 569
569
512
512
513 . 513
. 513
511
511
514 . 515
516 . 516
. 511
. 511
. 518
. 519
Auchenia
lama
lama fossilis
intermedia
gracilis
frontosa
Castelnaudi
sp. ?
cordubensis
ensenadensis
luj anensis
paca
Weddelli
mesolithica
Mesolama
angustimaxila
Palaeolama
leptognata
major
mesolithica
Stilaucbenia
Owenii
Protauchenia
Reissi
Hemiauchenia
paradoxa..
Eulamaops
parallelus
Tvagulidcs
Eoauchenia
primitiva
Cervidce
Coassus..
rufus
rufus fossilis
nemorivagus
nemorivagus fossilis
rufinus
rufinus fossilis
mesolithicus
Cervus .
brachyceros
lujanensis
palamplatensis
latus
tuberculatus
Paraceros
ensenadensis
fragilis
vulnera tus
avius
Blastóceros
campestris
campestris fossilis..
paludosus
paludosus fossilis..
Azpeitianus
Antifer
ultra .....
Furcifer
bisulcus
bisulcus fossilis
sulcatus
seleniticus
Epieuryceros
Páginas
580
580
580
580
581
582
583
584
584
585
586 581 581
588
589
589
590
590
591 591
591
592
593 593
593
594
594
595 598 598
598
599
599
600 600 600 600 601 601 601 602 602
603
604
604
605 605
605
606 606 601 601 608 608 608
609
, 609
610 610 610 611 611 611 612
. 613
XXIV
MAMÍFEROS FÓSILES ARGENTINOS
Páginas
Epieuryceros truncus 613
Antilopidce 614
Platntherium 615
pampíieum 615
AMBLYPODA 616
Dinoeerata 616
Pantodonta 617
Corypodontidm 617
Pyrotherium 617
Romeri 618
Planodus 619
ursinus 619
Adelotherium 619
scabrosum 620
Adrastotherium 620
dimotum 621
Tal i grada 621
Astrapotheridce 621
Astrapotherium 622
raagnura 622
PACHYTHERIA 631
Ghoerodonta 631
Proproboscfdca 632
Proboseidea 632
Elephanlidce 632
Mastodon 633
Sobre los mastodontes de Sud-América y especialmente de
la República Argentina 633
Mastodon amlium 639
platensis 641
rectus , 643
argentinus 644
Humboldti 645
superbus 647
Distribución geográfica, sucesión geológica y descendencia. 650
HALOBIOIDEA 652
Prosirenia 652
Sirenia 653
Páginas
Tardigrada 660
Gravígrada 661
M egatheridcB 665
Megatherium 666
americanum 668
tarijense 670
Lundii 671
antiquum 671
Essonodontherium 672
Gervaisi 672
Neoracantbus 673
Burmeisteri 674
Brackebuschianus 676
Promegatherium 677
smaltatum 677
remulsum 679
Interodon 680
crassidens 680
Zamicrus 681
admirabilis 682
Observaciones generales sobre los Megatlieridte 682
Ortotheridce 683
Ortotherium .* 684
1 a ti curva tu m 684
Schismotherium 685
fractum 686
Hapalops 686
rectangularis 689
elipticus 687
indifferens 687
Planops 688
longirostratus 688
Xyophorus 688
rostratus 689
simus 689
Megalonycidce 690
Megalonyx ....... 690
Eucholoeops 692
ingens. 693
iofernalis 694
. . 69 4
.. 695
.. 695
.. 696
,, 697
.. 697
.. 697
. . 697
.. 699
.. 699
.. 700
.. 700
.. 700
. . 702
.. 703
. . 710
.. 711
.. 712
.. 713
. . 713
.. 713
.. 714
.. 715
. . 715
.. 716
H0MAL0D0NTA
BRUTA
PRI0D0NTA 654
PLEI0D0NTA 654
Entelopsidce . 654
Entelops.. 654
dispar 654
Delotherium 655
venerandum 656
ANICAN0D0NTA 657
Vermilinguia 657
OrycteropidcR 658
Pcotoeops 658
simplex 658
MyrmecophagidcB 658
Myrmecophaga 659
jubata 659
tetradactyla 659
Phororhacosidce 659
Phororhacos 659
longissimus 659
adteger
Pliomorphus
mutilatus
robustus
Trematherium
intermixtum
Nothropus
priscus
Coslodon
tarijensis
Yalgipes deformis.
Gnathopsis
Oweni
Lestodontidce
Lestodon
armatus
trigonidens
Bocagei
Gaudryi
Bravardi
Blainvillei
antiquus
paranensis
Laniodon
robustus
ÍNDICE DE MATERIAS
XXV
Diodomus
Copei
Annaratonei . . . .
Scclidolherida!
Scelidotherium
leptocephalum. .
Bravardi
Floweri
bellulum
elegans
Pozzii
Scelidodon
patrius
tarijetisis
Capellini
Copei
Stenodontherium
modicum
Platyonyx
Oliveri
Nephotherium
atnbiguum
Glossotherium
D anvi ni i
Zaballosi
bonaerense
Mylodontidce
Mylodon
robustus
Sauvagei
Wieneri
intermedius. . . .
Promylodon
paranensis
Pseudolestodon
myloides
Reinhardti
Morenii
debilis
bisulca tus
trisulcatus
Lettsomi
eequalis
pseudolestoides
injunctus
Nematherium
angulatum
sinuatum
H1CAN0D0NTA
Glyplodontia
Glyptodontülce
Glyptodon
Grupo A
Glyptodon clavipes . . .
euphractus
subelevatus
principalis
Muñizii
minor'
Grupo B
Glyptodon reticulatus.
elongatus
lee vis
perforatus
rudimeníarius. ,
Paginas
71G
717
718
719
720
721
722 72á 724 724 724 724 726
728
729
730
731
731
732 732 732 732 734
737
738 738
740
741
742
743
743
744 744
744
745
746 748
748
749
750 750
750
751 753
753
754
754
755 758 758 775 775 779 779
781
782 782
782
783
784 784
786
787
787
788
Glyptodon Falkneri . .
Fiorinii. .
Grupo C ,
Glyptodon geramatus Neothoracophorus . . .
eleva tus
depressus
minutus
Cochlops
muricatus
Hoplophorida :
Propaloehoplopliorus .
australis
incisivus
Palaehdplophorus
Scalabrinii —
pressulus
disjunctus
Hoplopborus
Meyeri
ornatus
pseudornatus. .
linea tus
perfectus
evidens
cordubensis. . .
paranensis
pumilio
verus ........
Lydekkeri
Bergi
Heusseri. Clarazianus . . . scrobiculatus.. Migoyianus . . .
Lomaphorus
imperfectus . . . compressus . . .
elevatus
elegans
cingulatus
graciüs,
Asterostemma
depressa
granata
larvata
Plohophorus
figura tus
Ameghini
orientalis
Zaphilus
Larrañagai
Nopachtus
coagmentatus..
Panochtus
tuberculatus. . .
Morenii
bullifer
Frenzelianus . .
Vogliti
Nodotianus. . . .
Protoglyptodon
primiformis.. .
Eleutherocercus
setifer
Páginas
788
789 789
789
790
791
791
792 792
792
793
794 794 798 800 800 801 802 802
805
806 808
809
810 811 812 812
813
814
814
815
816 817
817
818 819
819
820 820 821 821 821 822 823 823
823
824
824
825
827
828 828 828 829 829
833
834
835
835
836
837
838
838
839 839
XXVI
MAMÍFEROS FÓSILES ARGENTINOS
Dmlicuridce
Ncuryurus.
radis.
antiquus
interundatus
Cotnaphonis . ....
concisus
Doedicurus
clavicaudatus
Pouchcti
Kokenianus ...
Plnxhaplus
cnnaliculatas
antiquus..
Pscudoeuryurus
Lelongianus
I>asypo«ia
Chlamydolhendce
Chlamydotlierium
typura, , , , . . ,
paranense
extremum
intermedium .
anstrale .. .
Pellephilus
strepens ... ... . . , *
pumitas
Praopidce .
Tatusia * -
hybrida . *
hy brida fossilis . ..
novemcincta
novemcincta fossilis
Propraopus
grandis.
Dasypid(B •
Dasypus
sexcinctus. - •
ailinis sexcinctus
yillosus. ■
yillosus fossilis
affinis villosus
major
platensis.
patagonicus ........ • • •
Zaedyus
niinutus i •
minutas fossilis
proximus ............ . . . .. .. . .
exilia ¡- .
minimus
Pj'ceupliractus ( ( .
limpidus
recens. ......
Macroeuphractus
retusas
Eutatus
Seguini.
brevis
punctatus . . . - .
minutas —
oenophorum
lagena
distans * ! ■ ■
Tolypeutes
PAgiaas
840 810 842
842
843
844
841 844
847
848
849
849
850
850
851
852
852
853
854
854
855
857
858
858
859
859 8G0
860 861 861 861 801 801 862 862 861 864 861
864
865 865 865
865
866 866 867 867 867
867
868 868 868
869
870
871 871 871
871
872
872
873
873 871
874 871
Páginas
Tolypeutes conurus 875
conurus fossilis 875
Priodon 875
gigas 876
fossilis 876
Xenurus 876
unicinctus 876
unicinctus fossilis 877
Clüamydophoridfe, 877
Chlamydopltorus 877
truncntus 877
truucatus fossilis 878
Peltatelóidea 878
Steriolheridcc 878
Stegotherium 878
tessellatum 878
Observaciones generales sobre los mamíferos del grupo de los Hicanodontes 879
CETACEA
Prolei’oeeta
Odón í oceta
Plalanislidcc
Pontoporia
Blainvillei
Pontistes
rectifrons
Delphinidce
Delphiuus
ceruleo-albus . .
Tursiops
cymodoce
obscuras
Orea
mngell anica, . . .
Pseudorca . .
Grayi
Phocaena
spinipinnis —
Monodoulidce
Physetheridce
Physeter
mocrocephalus.
Ziphiidtr
Ziphius
australis
Mystacoceta ....
Balenidce
Pataco bal rena
Bergii
Baleena
australis
dubia . . . ,
Baleenoptera
bonaérensis. . . . patachónica. . . .
antartica
Megaptera
Burmeisteri
883
883
884 881 884 881
884
885 885 885 885 885
885
886 886 886 886 886 886 887 887 887 887
887
888 888 888 888 888 888 888 888 889 889 889 889
889
890 890
ÍNDICE DE MATERIAS
XXVII
Páginas
MONOTREMATA
CACODOÍVTA
AGATHODOBíTA
SPOIVDILOCCELIA
Rápidas consideraciones generales sobro la clasificación y descendencia de los mamíferos 891
SUPLEMENTO
Adición al piso pehuenche 899
Adición á la bibliografía sobre el hombre fósil argentino. 899
Adición á la reseña histórica 899
Los vestigios del hombre en el plioceno inferior de la Plata. 899 Sobre la época geológica de los cráneos humanos descubier- tos por Lund en las cavernas del Brasil 900
Phanotlierus marginatus ...... 900
Myopotamus obesus * - . * ■ • 900
Olenopsis 901
typicus 901
Discolomys cuneus 902
Orthomys procedens 902
Pthoramys homogenidens 903
Perimys Scalabrinianus. 903
Lagostomus pallidens 903
Eupliilus 903
Ambrosettianus 903
Kurtzi. 901
Briaromys. 904
Trouessartianus 901
Megamys patagoniensis 905
Laurillardi. . . . . 905
Holmbergi 905
Racedi 905
prcependens ... 905
formosus 906
Neoepiblema horridula 906
contorta 906
Tetrastylus Isevigatus 906
diffissus 907
Dolichotis centralis 907
Cardiomys cavinys 907
Neoprocavia mesopotamica 908
Procardiotherium crassum 908
Cardiotherium Doeringii 908
petrosum 908
minutum 909
Plexochoerus paranensis 909
adluis 909
Lynchii... 910
Hydrochoerus giganteus 910
magnus 911
Páginas
Hydrochoerus irroratus 911
Macropristis 911
Notictis i--* 911
Ortizii 912
Ganis paranensis 912
Cyonasua argentina 912
Procyon cancrivorus 913
Apera sanguinaria 913
Toxodon paranensis 914
virgatus < • < • • 914
Toxodontherium compressum 911
reveredum 915
Haplodontlierium Wildei 915
Dilobodon lutnrius 916
Trigodon Gaudryi 916
Eutomodus elautus ■ . . 916
Stenotepbanos plicidens 917
Typotherium rasendrum * ... ... 917
exiguum 917
Pachyrucos typicus . 918
Tracbytherus 918
Spegazzininnus 919
Ecpius australis 919
Hippidion nanus . • . 919
Scalabrim'tberium Rothi 920
Paloeolama promesolitbica 920
Platatherium pampteum 920
Astrapotberium ephebicum 920
Mastodon rcctus 920
Delotherium 920
Promegatherium smaltatum . 921
Promylodon paranensis.. 921
Plobophorus Amcghini . .. 922
Dasypus hesternus. 922
Adición a! conocimiento de los cráneos humanos fósiles des- cubiertos en el rio Arrecifes y en el rio Samborombon. . . . 922
Distribución de los mamíferos fósiles argentinos por horizon- te y determinación de la época relativa de cada fauna 923
Piso pehuenche 923
Piso Santacruzeño , 923
Formación patagónica .. 929
Formación araucana 931
Formación pampeana 938
Formación post-pampeana ó cuaternaria 951
Época actual 954
Paralelo cronológico de las faunas mamalógicas de la Repú- blica Argentina con las de las otras regiones del globo. . . 958
Fauna palaeocena 959
Fauna eocena 959
Fauna oligocena. 965
Fauna rniocena 969
Fauna pliocena 974
Fauna cuaternaria 979
Relación de las faunas de mamíferos pliocenas y cuaterna- rias do la República Argentina, con la que se encuentra en
estado fósil en las cavernas del Brasil 982
Apéndice..... 991
Lista alfabética de los nombres de los autores, coleccionis- tas, etc., mencionados en esta obra 1001
Indice alfabético de los nombres técnicos mencionados en esta obra, los sinónimos incluso 1005
LISTA DE LOS GRABADOS INTERCALADOS EN EL TEXTO
Dislocamiento de los terrenos eocenos de la Patagonia aus- tral, á 35 leguas del Atlántico, sobre la margen norte del
rio Santa Cruz 18
Sucesión y superposición de las formaciones eocenas en la
Patagonia austral 22
Corte de la barranca de Punta Alta en Babia Blanca 28
Corte geológico de La Plata (ciudad), al Rio de la Plata 30
Corte de la barranca del rio Lujan, sobre su margen izquier- da, entre el puente y el molino viejo de Lujan . 35
Corte transversal del valle del rio de la Matanza, á la altura
de San Justo 38
Curva de los avances y retrocesos del Océano durante los tiempos cenozoicos, en el territorio de la República Argen- tina 12
Hacha chelleana en pedernal, del cuaternario inferior de los alrededores de La Plata, vista por sus dos caras. (Colum- na izquierda) 58
Punta musteriana en cuarcita, del cuaternario superior de La
Plata, vista por sus dos caras, (Columna izquierda) 58
Punta musteriana en cuarcita, del cuaternario superior de La
Plata, vista por sus dos caras. (Columna derecha) 58
Hacha chelleana en cuarcita, del cuaternario de los alrededo- res de Bahía Blanca 59
Hueso largo tallado, procedente del pampeano lacustre de los
alrededores de Mercedes (Piso lujanense) 61
Trozo de una muela de Toxodon retallada á pequeños golpes sobre uno de los bordes, procedente del limo pampeano de
los alrededores de Mercedes, visto por tres lados 61
Puntas de hueso groseramente talladas, del pampeano lacus- tre de las cercanías de Mercedes, vistas por dos caras 62
Cuarcita tallada de los alrededores de Mercedes (Pampeano superior) 62
Diente canino de Smilodon populalor partido y trabajado por el hombre, procedente del pampeano inferior de la Ense-
nada, en La Plata (Plioceno inferior) 72
Casco de cuarcita ohtenido por percusión intencional, visto por sus dos caras, procedente del yacimiento de Monte
Hermoso (Mioceno superior) 75
Cráneo humano del pampeano superior (plioceno superior) del rio de Arrecifes, en la parte norte de la provincia de
Buenos Aires 84
Cráneo humano encontrado en el pampeano superior (plioce- no superior) del rio de Arrecifes 85
El mismo cráneo visto de lado 86
Iltjdrochcerus per túrbidas. Muela tercera inferior del lado de- recho. Corte transversal 256
Rama izquierda de la mandíbula inferior del Canis ensenaden-
sis 297
Rama izquierda de la mandíbula inferior del Canis bonacren-
sis 301
Mandíbula inferior del Macrocyon robustas, individuo muy
joven con parte de la dentición de leche 308
Cuarto premolar inferior del Macrocyon robustas adulto, visto
por sus dos caras 309
Diente carnicero superior izquierdo del Felis platensis, visto
por sus dos caras 330
Pié posterior izquierdo del Toxodon platensis 379
Defensa de Maslodon andium 640
Defensa de Mastodon platensis 641
Defensa de Mastodon reclus 643
Defensa de Mastodon argentinas. 644
Defensa de Mastodon Humboldti 646
Defensa de Mastodon superbus 647
ERRATAS NOTABLES
|
Páginas |
Columna |
Líneas |
Dice |
Léase |
|
18 |
derecha |
17 |
patagónico |
patagónicos |
|
22 |
— |
8 |
Larraze |
Larrazet |
|
23 |
izquierda |
43 |
piso paranense |
piso patagónico |
|
26 |
derecha |
11 |
Chamydotherium |
Chlamydotherium |
|
— |
— |
1 |
representado |
representados |
|
48 |
derecha |
23 |
Corbícula Stelneri |
Corbícula Stelsneri |
|
54 |
izquierda |
32 |
hemisferio boreal del cuaternario inferior. |
hemisferio boreal, del cuaternario inferior. |
|
56 |
— |
35 |
punta de flecha y de dardo |
puntas de flecha y de dardo |
|
— |
~ |
36 |
mezclado |
mezclados |
|
57 |
— |
31 |
Scherb. |
Scureb. |
|
— |
— |
53 |
Didelphys lujan ensis |
* Didelpys lujanensis |
|
82 |
— |
31 |
cuaterinario |
cuaternario |
|
— |
" — |
45 |
estrecéhz |
estrechéz |
|
101 |
derecha |
15 |
ARCTOPITEC! |
Arctopitijeci |
|
104 |
— |
7 |
Playrlarthra |
Platyarthra |
|
108 |
— |
22 |
Lydeker |
Lydkkker |
|
112 |
— |
31 |
Wnv gen |
Winge |
|
113 |
izquierda |
33 |
tamado |
tamaño |
|
125 |
derecha |
27 |
laca ra |
la cara |
|
127 |
izquierda |
32 |
munde |
muela |
|
180 |
— |
44 |
New-Jed |
Nevv-Wied |
|
148 |
derecha |
33 |
anterior |
posterior |
|
156 |
izquierda |
41 |
Lykdeer |
Lydekker |
|
179 |
derecha |
35 |
sebrepasan |
sobrepasar |
|
190 |
— |
35 |
su Rio Negro |
du Rio Negro |
|
— |
— |
43 |
los |
l’os |
|
214 |
izquierda |
3 |
toxodonte |
toxodontes |
|
215 |
— |
43 |
correspondiente |
correspondientes |
|
220 |
derecha |
20 |
Dolichotis existente |
Dolichotis existente |
|
235 |
— |
21 |
A. |
F. |
|
241 |
izquierda |
21 |
Cardiotherum |
Gardiotherium |
|
— |
— |
11 |
a |
la |
|
— |
— |
44 |
fig. 1 |
fig. 14 |
|
218 |
derecha |
46 |
arista |
aristas |
|
252 |
izquierda |
1 |
actúa |
actual |
|
254 |
— |
1 |
Weddel |
Weddele |
|
258 |
derecha |
30 |
dedemuestra |
demuestra |
|
282 |
— |
13 |
Birtrage |
Beilráge |
|
304 |
— |
44 |
Veverra |
Viverra |
|
310 |
— |
38 |
consittuir |
constituir |
|
314 |
derecha |
29 |
Cyonsua |
Cyonasua |
|
316 |
izquierda |
21 y 22 |
Hyae el nardos |
el Hyaenarclos |
|
318 |
— |
X |
P. Gev. |
P. Gerv. |
|
322 |
— |
27 |
cordubenssi |
cordubensis |
|
323 |
— |
17 |
ss |
es |
|
325 |
derecha |
27 |
mercerdensis |
mercedensis |
|
339 |
— |
30 |
cúspidede |
cúspide de |
|
341 |
izquierda |
10 |
dentaduaa |
dentadura |
|
359 |
derecha |
35 |
crée |
creé |
MAMÍFEROS FÓSILES ARGENTINOS
XXXII
|
Páginas |
Columna |
Líneas |
Dice |
Leáse |
|
359 |
derecha’ |
49 |
conipurcatus |
conspurcatus |
|
358 |
— ■ |
32 |
Synopotlicrium |
Synoplolherium |
|
364 |
izquierda |
15 y 16 |
de de |
de |
|
368 |
derecha |
1 |
laño |
llano |
|
378 |
— |
48 |
de centro muy cortas, |
de centro muy corto |
|
389 |
. — |
14 |
(P- 5) |
(p. ¿) |
|
390 |
izquierda |
12 |
en los animales |
en los demás animales |
|
393 |
— |
22 |
coron |
corona |
|
398 |
derecha |
33 |
excavado |
excavada |
|
408 |
— |
35 |
limitados |
limitado |
|
409 |
izquierda |
17 y 18 |
mienras |
mientras |
|
410 |
derecha |
7 |
convexidad |
concavidad |
|
415 |
izquierda |
42 |
(m. 3) |
(m. y) como sucede |
|
425 |
derecha |
9 |
comosud e |
|
|
433 |
— |
38 |
P- 3 |
p. » |
|
437 |
izquierda |
1 |
ÍP> t) |
(P- L) |
|
440 |
— |
1 |
interrumpida |
ininterrumpida |
|
451 |
— |
37 |
pepueño |
pepueñas |
|
466 |
derecha |
29 y 33 |
2 |
|
|
469 |
izquierda |
40 |
mu y |
muy |
|
478 |
— |
1 |
australis |
australe |
|
484 |
— |
32 |
rotoen |
roto en |
|
490 |
derecha |
9 |
nuncan |
nunca |
|
495 |
— |
10 |
infinidad |
afinidad |
|
500 |
izquierda |
24 |
Homorhinocenos |
Homorhinoceros |
|
516 |
derecha |
37 |
E. neoaqeus |
II. neoagcM |
|
531 |
— |
40 |
pero niana |
peroniana |
|
533 |
— |
40 |
aguda |
agudo |
|
534 |
— |
7 |
Palceothnrium am ericanum |
PaUcotherium par míense |
|
541 |
derecha |
36 |
aguadas |
agudas |
|
550 |
10 |
es de un diente |
es un diente Intercalar. Localidad, Patagonia austral, |
|
|
— |
— |
33 |
Horizonte, piso santacruzeño |
|
|
577 |
— |
24 |
dondetermina |
donde termina |
|
594 |
izquierda |
2 |
m. y y ni. a |
m. i. y m. i |
|
— |
— |
36 |
m. 3 |
m. í |
|
— |
— |
45 |
(P- 4) |
(p. ±) |
|
595 |
derecha |
21 |
m. |
m. ¿ |
|
599 |
izquierda |
6 |
mas á lo menos |
mas ó menos |
|
611 |
derecha |
21 |
literalmente |
lateralmente |
|
668 |
— |
32 |
Cuvier |
Cuvieri |
|
695 |
izquierda |
5 |
Euchalceops |
Huello leops |
|
697 |
— |
3 |
Horizonte |
Localidad |
|
723 |
derecha |
20 |
realrnenteel en angostamiento |
realmente el enangostemiento |
|
726 |
— |
48 |
formand oúna |
formando una |
|
736 |
izquierda |
23 |
no tienen |
no tiene |
|
762 |
— |
50 |
diagnóticos |
diagnósticos |
|
790 |
izquierda |
33 |
de los del |
de las del |
|
— * |
derecha |
13 y 14 |
procedente |
procedentes |
|
799 |
izquierda |
3 |
primas |
prismas |
|
804 |
derecha |
46 y 47 |
típico |
tipo |
|
831 |
izquierda |
23 |
convexa |
convexo |
|
839 |
— |
20 y 21 |
presentado |
presentando |
|
869 |
— |
30 |
una de la |
una placa de la |
|
881 |
— |
1 |
ipo |
tipo |
|
884 |
derecha |
24 |
patoporia |
pontoporia |
|
898 |
cuadro |
7 |
spondicocoelia |
spondilocoelia |
|
— |
— |
7 |
pelyconsaria |
pelycosauria |
|
909 |
izquierda |
8 |
(ro- -) |
(m. y) |
|
921 |
— |
8 |
(pág. 680) |
(pág. 677) |
|
derecha |
12 |
(pág. 745.) |
(pág. 744) |
|
|
922 |
izquierda |
2 |
(pág. 828) |
(pág. 825) |
|
924 |
derecha |
15 |
creondonta |
creodonta |
|
966 |
izquierda |
9 |
las especies |
los géneros. |
MAMÍFEROS FÓSILES ARGENTINOS
RE SÚMEN HISTÓRICO
Poco tiempo después de la ocupación del país por los españoles, los grandes Huesos fósiles de animales extinguidos que se encuentran en su suelo, empe- zaron á preocupar la atención del pueblo, que los atribuía á una antigua raza de gigantes. Y aunque ya Falkner á mediados del siglo pasado encontraba una coraza de Glyptodon , que reconoció como la cáscara de un animal parecido á un armadillo actual pero de talla gigantesca, esto no impidió que se con- tinuara considerando los fósiles, hasta por las clases elevadas, como huesos de gigantes, y que algunos años mas tarde se exhumara en el norte de la pro- vincia de Buenos Aires el esqueleto de un Mastodonte en presencia délas autoridades civiles y militares, escribanos, módicos y cirujanos de la armada, que levantaron un acta en la que se daba fó de que los huesos eran de un gigante de forma humana !
Pero, á fines del siglo pasado, época en que el Marqués de Loreto desempeñaba las funciones de Virey de España en Buenos Aires, las riquezas pa- leontológicas de las llanuras bonaerenses empeza- ron á preocupar la atención de los naturalistas. En 1789 se encontró no léjos de la ciudad de Buenos Aires, á algo mas de una legua de la Tilla de Lujan, un esqueleto gigantesco que, años mas tarde, desig- naba CuviERCon el nombre de Megatherium .
Loreto lo hizo estraer remitiéndolo luego á Ma- drid, y el rey Carlos III, creyendo que la especie á que pertenecía era actual, dió orden al gobierno de la colonia de enviarle un ejemplar vivo, y si
esto no era posible, visto lo muy uraño que debía ser, de espedirlo empajado.
La vista del esqueleto armado provocó una serie de discusiones, hasta que se consultó la opinión de Cuvier remitiéndole dibujos, con los cuales dió la descripción del animal á principios de este siglo, designándolo con el nombre de Megatherium ( Rech . oss. foss. v. 1, p. 174).
En 1827 llegaba á nuestras playas el joven Alci- l>es ü’Obbigny que tanto renombre debiera alcan- zar mas tarde. Visitó la parte austral de la provincia de Buenos Aires, en la embocadura del Rio Negro, gran parte de la llanura argentina y las barrancas del Paraná, en las que hizo preciosas colecciones de fósiles, encontrando entre los mamíferos, los pri- meros restos del Megamys , restos de un Toxoclon, etc. A este ilustre viagero se deben los primeros ensayos de clasificación de los terrenos sedimenta- rios de nuestro suelo.
Divide D’Orbigny los terrenos sedimentarios post-cretáeeos ó supuestos tales, en cuatro grandes formaciones que son :
Ia La división inferior , formada sobre todo por areniscas rojas, que denomina formación guaraní- tica, sin fósiles, y sobre la cual el autor no dá una idea clara de su opinión respecto á la época que re- presenta, si bien deja creer, que la considera como equivalente del terciario inferior, dividiéndola en tres distintos horizontes.
2a La formación patagónica, que denomina así
i
2
MAMÍFEROS FÓSILES ARGENTINOS
por estar sobre todo muy desarrollada en las costas de Patagonia. Compara esta formación, de la que estudia detalladamente los moluscos que contiene, al horizonte del calcáreo grosero de Paris, es decir, eoceno superior ú oligoceno. Y aunque entre sus capas encuentra intercalados algunos estratos con fósiles terrestres ó de agua dulce, no les presta de- masiada importancia, considerando el todo como una formación marina.
3a La formación pampeana, llamada así por cubrir toda la llanura conocida en esa época bajo el nombre de Pampa, formada por una arcilla are- nosa y rojiza, que es la que contiene en abundan- cia los huesos fósiles de grandes mamíferos extin- guidos que se encuentran en nuestro suelo. No nos dice á qué división exacta de las de Europa corres- ponde el pampeano, pero lo incluye positivamente entre las formaciones terciarias, designándolo con el nombre de terciario superior, lo que, de acuerdo con la nomenclatura geológica de la época de D’Or- bigny, equivale á decir que corresponde á la mas moderna de las grandes divisiones del terciario esta- blecidas luego por Lyell, laque lleva el nombre de plioceno.
Supone que esta formación tuvo su origen en un gran cataclismo que produjo el surjimiento de los Andes, seguido de una perturbación general de la superficie del continente sud-americano, que se co- municó á las aguas del mar, las que fueron fuerte- mente balanceadas invadiendo los continentes y arrastrando los grandes animales que vivian en los climas tropicales, para sepultarlos en la región de las pampas, debajo de las capas de limo depositadas por las turbulentas aguas de dicho cataclismo.
4a La formación diluviana , que comprende to- dos los terrenos que descansan encima de la forma- ción pampeana, como ser los depósitos marinos de la costa, los médanos, etc. En la época en que escribía D’Orbigny, los geólogos no hacían aún dis- tinción entre el cuaternario y los aluviones moder- nos, entre el clüuvium y el aluvium , reuniendo todos los depósitos post-terciarios bajo el mismo nombre de terrenos diluvianos. La clasificación de D’Orbigny estaba de acuerdo con los conocimientos de su tiempo.
Pocos años después (1832), llegaba á su vez á nuestras playas, Carlos Darwin, en las que recogió los primeros elementos de su futura celebridad. Visitó las costas de Patagonia, hizo la primera ascen- sión del rio Santa Cruz, y cruzó la pampa en varias
direcciones, recogiendo colecciones valiosísimas, con los primeros restos de los géneros Macrau- chenia, Scelidotherium, Toxodon y Mylodon.
Darwin no emite opinión sobre la formación ciuaranít i ca, que no tuvo ocasión de conocer, pero considera la formación patagónicaque estudió en detalle, como un equivalente de la formación eocena de Europa.
Sin embargo, supone el limo pampa de una época tan reciente que apenas puede considerarse como pasada, atribuyendo á una misma época los mamíferos extinguidos de la formación pampeana y algunas capas de conchas marinas que tuvo ocasión de estudiar cerca de Bahía Blanca, en la barranca de Punta Alta.
En cuanto al origen mismo de la formación, este ilustre naturalista no participa de la opinión de D’Or- bigny, particularmente en lo que se refiere al su- puesto cataclismo imaginado por este. Crée que la cuenca del Plata estuvo ocupada en otros tiempos por un mar ó un inmenso estuario, en el que vertían sus aguas grandes rios, que arrastraron en su fondo los materiales que componen el terreno pampeano, con- juntamente con los esqueletos délos animales que en él se encuentran sepultados.
Mientras tanto, el conocimiento de los vertebrados fósiles que contenían esos terrenos, avanzaba rápida- mente. Lund y Claussen exhumaban de las cavernas del Brasil, una cantidad sorprendente de especies de mamíferos, muchos parecidos ó idénticos á los que se encontraban en el terreno pampeano.
Woodbine Parish, el almirante Dupotet, Wed- dell, Castelnaü, Villardebó, Larrañaga, etc., remitían sucesivamente á Europa restos de vertebra- dos fósiles del Plata, y Owen describía pronto el género Glyptodon, con varias especies, la Macrau- chenia, Toxodon, Nesoclon, Mylodon y Scelido- therium ; mientras Nodot, Gervais, Blainville y Laürillard, aumentaban considerablemente el co- nocimiento de los mamíferos fósiles del terreno pam- peano.
En la misma época, en la República Argentina, un ciudadano distinguido, por más de un motivo digno de mención, el Dr. Francisco Javier Muñíz, se ocupaba también y con excelente resultado, del es- tudio de los huesos fósiles que se encuentran en este suelo, haciendo algunos descubrimientos dignos de mención, entre ellos el de los géneros Smilodon, Hippidium y Arctotherium ; pero las dificulta- des de esa época para seguir el movimiento científico dél viejo mundo, unidas á la ausencia de bibliotecas y
RESEÑA HISTÓRICA
3
museos que pudieran proporcionar materiales de comparación, y sobre todo á la mala voluntad del Dictador Rosas, que lo despojó de parte de su co- lección para enviarla de regalo á los museos de Lon- dres y París, no le permitieron ocupar el lugar á que lo predestinaba su clara inteligencia.
Hácia esta época (1852), llegaba al país Augusto Bravard, naturalista meritorio, que, desde el primer momento se dedicó con ahinco á reunir colecciones y practicar estudios estratigráíicos, pero fué sor- prendido por la muerte en el terremoto de Mendoza antes de que pudiera dar á sus estudios una forma definitiva. Con todo, aumentó el número de mamí- feros fósiles hasta entonces conocidos con algunas formas notables como el T ypotherium, y publicó algunos estudios geológicos de importancia, siendo el primer autor que haya tratado con estension y en conjunto de los terrenos post-pampeanos marinos.
Al tratar de determinar la época de la formación patagónica, se encuentra con grandes dificultades y datos contradictorios ; algunos restos que creyó pertenecieran á los géneros Anoplotherium y Palseotherium le conducían á considerarla como eoceua, mientras la presencia de restos de ballena le indicaban una época que creía no podia ser mas anti- gua que la miocena; además, como los restos de ba- llena no ofrecían trazas de transporte secundario, mientras los que suponía de Palseotherium presen- taban evidentes vestigios de haber sido arrancados de una formación mas antigua, que no conocía, pero que supuso eocena, consideró la que estudiaba como miocena.
Respecto á la formación pampeana combate con vehemencia la teoría de un origen marino, ó de su deposición en el fondo de un estuario, sosteniendo que es una formación absolutamente terrestre, sin vestigios marinos en su seno, y formada probable- mente, en gran parte á lo ménos, por la acción prolongada de los vientos que internaban cordones sucesivos de médanos.
En cuanto á la época de la formación, se esfuerza en demostrar el error de Darwin al considerarla como de época muy reciente, y después de un estu- dio prolijo llega á la conclusión de que pertenece por completo alas formaciones terciarias, de las que representa el terreno terciario superior conocido con el nombre de plioceno, pero incurre en el error de designarlo con el nombre de terreno cuaternario, designación que ya en Europa se había aplicado á los terrenos post-terciarios mas antiguos conocidos
con el nombre de clüuvium. De esto ha resultado que muchos al leer el trabajo de Bravard de una manera superficial, se han figurado que este autor refiere el terreno pampeano á la época cuaternaria como está definida en el dia, cuando lo que afirma bien esplícitamente, es precisamente lo contrario ; esto es, que el terreno pampeano es plioceno.
De acuerdo con estas ideas, divide Bravard los terrenos post-pampeanos en dos horizontes distin- tos, uno que designa con el nombre de terrenos diluvianos, y el otro con el de terrenos recientes.
En los terrenos diluvianos coloca los depósitos post-pampeanos marinos de la costa, y algunos depó- sitos post-pampeanos de agua dulce del interior, agregando que corresponden á los terrenos designa- dos en Europa con el nombre de terrenos diluvia- nos, ó clüuvium, lo que no deja duda que en su entender, corresponden á los que los geólogos actua- les designan con el nombre de terrenos cuater- narios.
Los terrenos recientes, incluyen las sedimenta- ciones formadas por los rios actuales y los médanos de arena superficiales, correspondiendo en un todo á los terrenos de aluvión ó recientes de los geólogos.
Burmeister, estudiaba en el Paraná la formación patagónica, casi en la misma época que Bravard, y algunos años después establecía su residencia defi- nitiva en la República, en donde era nombrado director del entonces Museo de la Provincia de Buenos Aires, hoy Museo Nacional, á cuyo frente continúa todavía, dedicándose desde entonces v con preferencia al estudio de los mamíferos fósiles de la República, y de los terrenos que contienen sus restos.
Como paleontólogo, no ha contribuido gran cosa á aumentar el catálogo de los mamíferos fósiles ar- gentinos, pero se le deben algunas buenas mono- grafías, particularmente la que trata (de los glipto- dontes, la de los gravigrados, y la de los caballos fósiles.
Como geólogo, empezó á manifestar una marcada tendencia á rejuvenecer todas las formaciones sedi- mentarias cenozoicas de nuestro suelo, influido quizás por Lyell que decía que en Norte-América la fauna pampeana de vertebrados se encontraba mezclada con una fauna malacológica absolutamente idéntica á la actual, y probablemente también por la opinión de los geólogos europeos, que se manifesta- ban predispuestos á considerar todas las formacio- nes norte-americanas, de edad un poco mas reciente
4
MAMÍFEROS FÓSILES ARGENTINOS
que aquellas que eu Europa presentan fósiles aná- logos.
Así, la formación patagónica, que, para sus ilus- tres predecesores, D’Orbigny, DARwny Bravard, era eocena, ó por lo menos miocena, se vuelve para Burmeister pliocena ; si se recuerda que la fauna malacológica de esta formación es casi absolutamente distinta de la actual, la época moderna que le atri- buye se puede considerar como una verdadera here- gía geológica.
Reconoce de acuerdo con Bravard que la forma- ción pampeana no es de origen marino, pero la con- sidera cuaternaria, con cuyo nombre la designa, ó con el de diluvium . Todos los terrenos que se encuen- tran encima de esta, constituyen para él los aluviones modernos.
Estas opiniones, preconizadas durante años por Burmeister, haciendo camino y llevando las cosas aún mas léjos, empezaba á verse en las formacio- nes sedimentarias cenozoicas de la República Argen- tina, tan solo una inmensa y vastaformacion pampeana de época cuaternaria.
En cuanto á la fauna de mamíferos fósiles de la República, el Dr. Burmeister reasume todo lo que sabe al respecto en el tercer volúmen de la Descr. phys. de la Rep. Arg ,, año 1 879; en el que enumera 56 especies repartidas en 36 géneros.
En este estado se encontraban nuestros conoci- mientos sobre los mamíferos fósiles argentinos y los terrenos que los encierran, cuando empezó la publi- cación de los resultados de mis primeros trabajos.
En 1880, publicaba en colaboración con el Dr. H. Gervais un catálogo general de los mamíferos fósiles sud-americanos, en el que enumerábamos 55 especies nuevas de la República Argentina, repartidas en 31 géneros, de los que 5 también nuevos.
A este trabajo hice seguir La antigüedad del hombre en el Plata, obra destinada á demostrar la existencia del hombre fósil en la República Argentina, y al año siguiente (1881), aparecía mi Formación pampeana, trabajo dedicado especialmente al estu- dio de dicha formación, y á la de los terrenos que le están sobrepuestos. En esta obra, solo de paso me
ocupo de la formación patagónica, llegando á la con- clusión de que es por lo ménos miocena, pero de nin- guna manera mas moderna. Demostré que lo que se llamaba formación y fauna pampeana, era una suce- sión de tres faunas diferentes correspondientes á tres distintos horizontes equivalentes al plioceno de Europa y Norte América. Al mismo tiempo traté de esponer la importancia de los depósitos post-pam- peanos, tanto marinos como de agua dulce, demos- trando que ellos representaban los verdaderos terrenos cuaternarios, como lo probaba por otra parte el hecho de contener todavía los restos de algunas especies de animales extinguidos, aunque casi siempre pertenecientes á géneros todavía exis- tentes.
En esta época, los sorprendentes descubrimientos paleontológicos verificados en Norte- América, em- pezaron á cambiar las opiniones de los geólogos respecto á la antigüedad pretendida moderna de las formaciones americanas, inclinándose los paleontó- logos á considerarlas todas mas bien como un poco mas antiguas que las correspondientes del viejo mundo. La importancia de este cambio de ideas era tanto mas notable, cuanto que en esos años se había encontrado, en distintos puntos de Norte- América, un considerable número de géneros carac- terísticos de la formación pampeana, procedentes de capas que fueron clasificadas como debiendo representar el plioceno inferior.
Al mismo tiempo, mientras se abria una ancha brecha en el antiguo, cuanto erróneo sistema de clasificación de las formaciones sedimentarias de nuestro suelo, otros se ocupaban en darle el golpe de gracia, atacándolo por su base, reduciéndolo á la nada, para rehacer la clasificación sistemática de nuestras formaciones sedimentarias á la luz de los principios que suministra la estratigrafía y lapaleon- tologíacomparada. Estofué tarea delDr. A.Doerikg, quien después de prolijas observaciones perso- nales y de un estudio comparado de todo lo que se había escrito sobre las formaciones cenozoicas sud- americanas, clasificaba las de la República Argentina según el sistema que indica el cuadro adjunto :
RESEÑA HISTÓRICA
5
I. FORMACIONES FOCENAS
Todas las especies, y de los animales superiores, casi todos los géneros extintos
I Cretáceo superior
1. Piso guaranítico \ 0 Post-cretaceo.
f ( Larámico .)
(FORMACION LIGNÍTICA)
1, FORMACION GUARANIT1CA.
2. Piso pehuenche ó huilliche. ( Mesothe -
, / Eoceno.
num )«
!3. Piso paranense. ( Ostrea Ferrarisi )
4. Piso mesopotámico. ( Mecíamos , Anoplo- \
thermm) s Okgoccno.
5. Piso patagónico. (Ostrea patagónica) )
II. FORMACIONES NEOGENAS
I. FORMACION ARAUCANA. (F. post- patagónica y sub-pampeana.)
(tobas traquíticas en la patagonia)
6. Piso araucano. ( Nesodon , Anchitherium).
7. Piso puelche
II. FORMACION PAMPEANA.
(subpampeano)
8. Piso pampeano inferior. ( Typo -
iherium )
9. Piso eolítico. ( Equus )
10. Piso pampeano lacustre. ( Pala -
destrina Ameghini)
I
III. FORMACION TEHUELCHE ó errá- tica
IV. FORMACION QUERANDINA ó post- pampeana
V. FORMACION ARIANA ó aluvial..
11. Piso tehuelehe
(rodados de la patagonia)
12. Piso querandino. ( Asara labiata,
Ostrea puelchana )
13. Piso platense. (Ampollaría D'Or-
bignyana )
(antiguos ríos cuaternarios)
♦
14. Piso Ariano,
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Mioceno.
Plioceno
y
Preglacial.
Glacial.
Diluvial.
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o
O
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•Si
*3
Aluvial.
Aluvial
¡ Catorce horizontes geológicos en vez de dos ó tres que se admitian según el viejo sistema ! La di- ferencia no era pequeña.
La parte superior de la formación guaranítica resultaba representar por lo menos dos horizontes
distintos : uno inferior preterciario y equivalente probable del larámico de los Estados Unidos, y otro superior, referible al eoceno inferior.
La formación patagónica, que hasta entonces se refería á un solo horizonte, el plioceno, resultaba
6
MAMÍFEROS FÓSILES ARGENTINOS
representar tres pisos bien distintos con sus res- pectivas faunas bien delimitadas, el paranense, el mesopotámico y el patagónico; el primero refe- rible al eoceno superior, y los dos últimos al oligo- ceno.
De la formación patagónica pasábase siempre á la pampeana, como si ésta hubiera sucedido inmediata- mente á aquella, mientras la fauna indicaba entre ambas un gran hiato. Doering demuestra que entre ellas se interpone una gran formación arenosa de origen fluviátil ó sub-aéreo, que denomina formación araucana y corresponde al mioceno.
Desde entonces, el conocimiento de las formacio- nes cenozoicas de la República y de los fósiles que contienen, no ha cesado de avanzar constantemente.
En 1883, el comandante Buratowich recogía sobre la márgenes del Neuquen, en una capa de areuiscas rojas, en la que el capitán Ed. Moysés habia encontrado antes el cráneo de un mamífero, algunos grandes huesos que remitió como regalo al general Julio Roca, entonces Presidente de la República, restos que, sometidos á mi examen resul- taron pertenecer á un gigantesco reptil de la familia de los Dinosaurios. De la misma procedencia recibía mas tarde numerosos fragmentos debido á la amis- tad del capitán Rhode, que me permitieron afirmar que se trataba de un horizonte comparable al lará- mico de Norte-América.
Hacia la misma época, el profesor Pedro Scala- brini, sometió á mi exámen la gran colección de restos de mamíferos fósiles que habia formado en las barrancas del Paraná, resultando de su estudio un considerable número de géneros y especies nuevas, que, por el conjunto de sus caractéres confirmaban la edad oligocena atribuida á su yacimiento.
Mientras tanto continuaba avanzando el conoci- miento de la fauna pampeana, descubriéndose conti- nuamente algunas formas nuevas, completándose el conocimiento de la parte estratigráfica con el descu- brimiento de dos capas de origen marino, interpam- peanas, que hasta entonces habían pasado desaper- cibidas.
El año pasado (1887) en un viaje al Sur de la provincia de Buenos Aires, visitaba la localidad conocida con el nombre de Monte-Hermoso, cuyas barrancas también habian sido consideradas como pampeanas, descubriendo una fauna de mamífe- ros completamente distinta, referible al mioceno superior, mientras que otros fósiles procedentes del interior de la República, me revelaban la existencia
de capas de la misma época en Catamarca, y en el interior de la Sierra de Córdoba.
Durante ese mismo año, mi hermano Carlos Ameghino, verificaba un viaje al interior de la Patagonia Austral, con el esclusivo objeto de recojer restos fósiles de mamíferos, y después de una ausencia de 9 meses regresaba con una colección valiosísima compuesta nada ménos que de 122 especies, de las que ya he dado las diagnosis, y cuyo estudio conduce á constatar que se trata de una fauna característica de la base del eoceno. 1
Sin duda, todavía faltan muchos yacimientos in- termediarios que esplorar, pero lo hecho hasta ahora, particularmente en estos últimos ocho años, es alta- mente satisfactorio, y nos permite desde ya hacernos una idea de la división y articulación sistemática de las formaciones cenozoicas de la República Argen- tina, y trazar un cuadro de las distintas faunas ma- malógicas que se han sucedido en nuestro suelo, de algunas de las cuales no teníamos la mas leve idea hace pocos años.
En resúmen, los 3 ó 4 horizontes geológicos que se reconocian en las formaciones cenozoicas argenti- nas, han sido cuadruplicados, y las 50 especies de mamíferos fósiles citadas por Burmeister, se han elevado á mas de 500, que lian sido en su mayor parte descubiertas, descriptas, y catalogadas por esploradores y naturalistas argentinos.
Entre las personas que han contribuido á la ad- quisición de estos resultados, debo mencionar los nombres de los señores Aguirre, Ambrossetti J., Ameghino Carlos, Burmeister G., Brackebusch, Bodenbender, Carees E., Doering, Dubois, Fon- tanal. J., Holmberg, Lista, Lelong, Lavagna, Lallement, Moreno, Moyano C. M., MovrsÉs, Ortiz T., Romero A., Rhode J., Roth, Stelzner, Scalabrini, Zeballos, E. S. etc. etc.
Cuando solo en este reducido ramo de las ciencias naturales tenemos tantos nombres que han contri- buido á que en tan corto espacio de tiempo se quin- tuplicaran nuestros conocimientos, podemos quedar altamente satisfechos, pues es evidente que existe ya una ciencia nacional, que trabaja con elementos propios y métodos nuevos, llevando cada año un no despreciable contingente á la ciencia univer- sal.
Llegados á este punto, podemos tender tranquilos
1 Mientras escribo estas líneas, CÁiu.os Ameghino, efectúa un nuevo viaje á las regiones del Sur, de cuyos resultados espero tener tiempo de aprovechar en el trascurso de este trabajo.
RESEÑA HISTÓRICA
7
la vista al camino recorrido, y con paso seguro diri- jirnos adelante, abandonando de una vez esas auto- ridades de otra época, que encadenaban nuestro pensamiento con teorías concebidas en la infancia de la ciencia. Como dijo un autor francés : « el mundo marcha», y nosotros ya hemos conquistado el dere-
cho de desembarazar nuestro camino de los obstácu- los que en él acumulaban viejas teorías erróneas de autoridades que pasaron, para juzgar con criterio propio las silenciosas é imponentes manifestaciones de la majestuosa naturaleza argentina de los tiempos pasados.
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ALGUNAS PALABRAS
SOBRE LA
NOMENCLATURA ZOOLÓGICA APLICADA A LA PALEONTOLOGÍA
Dos tendencias opuestas guían desde hace un cierto número de años, á los naturalistas que se ocupan de la clasificación y colocación sistemática de las distintas formas de organismos existentes ó extinguidos.
Unos, dominados por la tradición bíblica, ó por el respeto á la autoridad de una vieja falange de naturalistas que dió brillo y lustre á la escuela clá- sica que basta abora pretende negar la mutabilidad déla especie, no queriendo reconocer ciertas formas como mutaciones de un mismo tipo por temor de proporcionar argumentos á la escuela contraria, aumentan desmesuradamente el número de especies, elevando á tal categoría toda forma ligeramente dife- rente que se presenta á su examen.
Otros, afiliados á la nueva escuela transformista, que ha contado con personalidades que forman ya un brillante pasado, y presenta actualmente en sus filas las mas altas lumbreras científicas de nuestra época, dominados al contrario por la influencia de la teoría de la evolución que no vé en todas partes mas que series interminables de modificaciones, disminuyen exageradas el número de especies, constitu- yendo o tológicos á los que reúnen con una
\"' ominacion las modificaciones ó variacio-
_jue parecen ser simples mutaciones de esos .ipos, á veces en número verdaderamente conside- rable.
Cou la disminución exagerada del número de es- pecies, resulta que solo vienen á ser designadas con un nombre especial las formas bien distintas, tomán- dose en poca cuenta las numerosas variedades de esos tipos, basta que se acostumbran á pasarlas por alto, de modo que mas tarde prescindiendo ya por completo de las formas secundarias intermediarias.
nos figuramos que esos tipos son perfectamente defi- nidos y distintos unos de otros, dando así argumen- tos á la escuela que sostiene la entidad de la especie una é invariable, cuando justamente se busca con ese sistema probarlo contrario.
Siguiendo ambas tendencias ese camino, será difícil llegar á un resultado práctico. El número de espe- cies de un género ó de una familia será siempre distinto según la escuela á que pertenezcan los auto- res, continuando los unos en negar la mutabilidad de la especie, y los otros en afirmarla.
Un cierto número de naturalistas evolucionistas, que se dedican de preferencia al estudio de los séres extinguidos, y por consiguiente con mayor autoridad para dar su opinión en la cuestión de origen, filia- ción y clasificación, que los que solo se ocupan ó solo conocen los séres existentes, han creído que era necesario reaccionar contra esa tendencia de la es- cuela transformista á reunir bajo una denominación común formas bien distintas y separadas, por el solo hecho de que ciertas formas intermediarias denotan que son modificaciones de un mismo tipo.
Creen ellos que mientras se persista en pasar por alto las variaciones morfológicas de pequeña impor- tancia, privándolas de un nombre que permita incluirlas en los cuadros de las clasificaciones, estas serán forzosamente siempre imperfectas. Por otra parte, careciendo basta ahora la ciencia de un medio preciso para determinar exactamente lo que es una especie y lo que es una variedad, continuará reinando como basta ahora el arbitrario, los unos reuniendo decenas de variedades en una sola especie, — consti- tuyendo otros con cada una de esas variaciones, una especie distinta.
Creen además los mencionados naturalistas, que
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MAMÍFEROS FÓSILES ARGENTINOS
el ordenamiento de las variedades y su designación según cierto orden, introduciéndolas en los cuadros de clasificación, no solo pondría término á esa confu- sión, sino que facilitarla el restablecimiento de la filiación de un considerable número de seres exis- tentes, lo que equivaldría á una constatación práctica de la teoría de la evolución, puesto que podríamos entonces encontrarnos delante de grandes séries de esas mutaciones sucesivas, por las que según nues- tras teorías han pasado todos los seres.
En mi obra Filogenia, he expuesto estas tenden- cias distintas de los naturalistas, concluyendo por afiliarme al grupo que reclama la modificación de la clasificación, en lo que concierne á la denominación de las variaciones morfológicas de menor importan- cia que la especie, debiendo ellas en mi opinión, llevar siempre un nombre que las distinga. «No des- preciemos, pues, (decía entonces) esas colecciones de individuos de una forma distinta por el poco va- lor gerárquico que representen, aunque sus carac- teres distintivos nos parezcan de poca importancia. Siempre que podamos apreciar esos caractéres dife- renciales, distingámoslas con un nombre especial ; no importa que las califiquemos de especies, razas ó variedades — poco importa el nombre y mayor ó menor valor gerárquico. Lo esencial es que tengan uno, para que no prescindamos de ellas, podamos jalonarlas, y podamos así pasar de unas formas á otras formas, de una especie á otra especie, de la especie al género, de este ála familia, y remontando y descendiendo podamos de este modo recorrer en todos sentidos el grandioso árbol de la série animal. Este es el objetivo á que debe tender toda buena clasificación.» (()
Admitida la necesidad de la reforma, era igual- mente necesario ponerse de acuerdo sobre la termi- nología á adoptarse. No bastaba reconocer que las pequeñas variaciones morfológicas tenían derecho á figurar en nuestros catálogos con un nombre propio, exclusivo: era necesario también distinguir con nombres especiales esas distintas clases de variacio- nes, y creo por mi parte que también debe buscarse en una buena definición de los distintos términos, el medio de no confundir el género con la especie, el grupo con el tipo, ó la forma.
Distinguidos paleontólogos alemanes é italianos han tratado de distinguir las distintas variaciones de una misma especie, designándolas con nombres par-
(1) Amegiiino. Filogenia, púg. G0, 1884.
ticulares según que correspondan á variaciones de una especie en una misma época, ó á variaciones que representen modificaciones de un mismo tipo en épocas ú horizontes sucesivos, distinguiendo la va- riedad, la mutación y la forma. Los franceses han seguido el ejemplo, y últimamente el empleo de estos términos ha recibido de parte de los paleontó- logos una especie de sanción oficial.
Los trabajos paleontológicos que tengan por objeto completar el encadenamiento de la série animal en los tiempos pasados, ya no pueden ser fructuosos y de resultados perfectamente comparables, si no se acepta la modificación de la nomenclatura propuesta por los autores mas recientes. Por lo que á mí me concierne, inauguro su aplicación que continuaré en lo sucesivo, con el presente trabajo, ampliándola en ciertos detalles que me parecen necesarios, dando á continuación un resúmen y definición de las modificaciones y nuevos términos que se introducen en la nomenclatura, tanto para dar á conocer las ampliaciones que en ella introduzca y de las queme serviré en mis trabajos, cuanto para que puedan aprovechar de ellas aquellos que por acaso hayan pasado por alto estos nuevos rumbos que han abierto los paleontólogos transformistas.
El punto de partida fijo é invariable de la no- menclatura debe ser el genero, del que debe darse una definición tan exacta é inalterable cuanto lo permita el estado actual de la ciencia. Me parece que ese punto de partida fijo para determinar el género, pueden proporcionarlo los caractéres de organización tal como los lie definido en mi Filo- genia (I).
Toda variación en el número de órganos de un animal tiene mayor valor que un simple cambio de forma de ese mismo órgano : de consiguiente, una vértebra, ó un diente, ó una costilla, de mas ó de ménos, la presencia ó la ausencia de un hueso, de un músculo, etc., etc., como carácter constante de una forma, debe ser el distintivo del género, debe autorizar su formación, y asilo definiremos.
Constituyen un géinero todos los séres ó co- lecciones ele séres de un mismo orden ó de una misma familia natural c¡ue se distingan por un carácter de orgamzactojj que les se a propio y exclusivo.
Así como los caractéres de organización servi-
(1) Amegiiino. Filogenia. Cap. IV, púg. Cl. Caractéres de adap- tación y caractéres de organización.
N O M E N C L A T U Ii A Z O O LOGIC A
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rán para distinguir el género, la modificación de esos mismos caracteres, ó sea los caracteres de adaptación, servirán para distinguir las especies. Definiremos pues, la especie, como la reunión de todos los individuos ó colecciones de indivi- duos que se distingan por uno ó mas caracteres de adaptacion importantes. El nombre de las es- pecies en la clasificación se empleará siempre como hasta ahora según el sistema de la nomenclatura bi- nominal, precedido del nombre genérico y seguido del nombre del autor que creó la especie.
Para la distinción de las modificaciones ó variacio- nes de una misma especie, se adoptará la nomencla- tura trinominal en la forma que sigue :
Guando las modificaciones de una misma especie correspondan á una misma época y á una misma re- gión se distinguirán con el nombre de variedades, en esta forma que escribo solo como ejemplo : Canis Azaree v. gracilis, seguido del nombre del autor que creó la variedad.
Cuando las modificaciones de una especie perte- nezcan á distintos horizontes ó á distintas épocas de una misma región, de modo cpie se pueda demostrar ó sea evidente que esas distintas formas correspon- den á modificaciones sucesivas de una misma especie, se designarán con el nombre de mutaciones, en esta forma: Canis Azaree m. antiquus, seguido del nombre del autor que creó la mutación.
Cuando las modificaciones pertenezcan á una misma época ó á un mismo horizonte, pero que pro- vengan de regiones apartadas, de modo que se co- nozca son modificaciones geográficas de un mismo tipo, se designarán con el nombre de traslaciones, en esta forma : Canis Azaree t. cordubensis, se- guido del nombre del autor que creó la traslación.
Cuando sobre las modificaciones de una misma es- pecie no se tengan datos suficientes para determinar si se trate 'e variaciones, de mutaciones ó de tro ° 7 _ , se designarán simplemente con el nom-
formas, de este modo : Canis Azaree f. ro- astus, seguido del nombre del autor que creó la forma. Pero tan luego como se obtengan los datos necesarios para su exacta determinación, se susti- tuirá el nombre de forma por el que le corresponda.
Todo tipo ó modificación sobre la que no se esté de acuerdo si debe representar una especie, una varie- dad, una mutación ó una traslación, se designará igualmente con el nombre de /orma, que se em- pleará también siempre que se quiera hablar de algunos séres sin emplear en el curso del discurso,
los términos, especie, variedad, mutación y tras- lación.
Toda variedad, forma, mutación, ó traslación, que por un autor sea elevada á la categoría de espe- cie, no autoriza á suprimir el nombre del pri- mer fundador de la forma, sustituyéndolo por el que simplemente cambia su valor gerárquico, de- biendo la especie continuar llevando el nombre del autor que primero la distinguió, ya sea bajo el nom- bre de forma, de mutación, de traslación ó de va- riedad ; y del mismo modo, el cambio de una espe- cie,en forma, variedad, etc., no autoriza tampoco la supresión del nombre del autor fundador, pero en el caso de la división de la especie en varias formas ó variedades, solo se conservará el nombre del autor fundador á la forma típica, repitiendo el nombre es- pecífico como equivalente de tercer nombre de va- riedad, forma, mutación ó traslación, de este modo : Canis Azaree Azaree P. Wied.
Todo ser, ó todo resto de un ser que se encuentre en un yacimiento de una época determinada, ó de cierta región distinta á la que habita ó habitó la es- pecie á la que parece corresponda, y que no se ten- gan los datos necesarios para determinar si es exac- tamente la misma especie, ó si representa una forma distinta, variedad, traslación, ó mutación, se desig- nará provisoriamente con el nombre de la especie á que parece corresponder, con el nombre del autor entre paréntesis, y seguido de la palabra affinis, de este modo: Canis Azaree (Pr. Wied), affinis.
Toda especie actual, que se encuentre igualmente en estado fósil, siempre que se trate del represen- tante fósil, se designará con el nombre específico, seguido del nombre del autor entre paréntesis, se- guido á su vez de la palabra fossilis y del nombre del que primero ha encontrado ó señalado los res- tos del representante fósil.
La palabra tipo se empleará, no para espresar una división determinada, sino una forma morfoló- gica dada que sirva como término de comparación, y á la que se referirán todas las formas que parezcan haber tomado origen de ese tipo primitivo, por via de modificación. Así se podrá decir, el tipo de los zorros, como el tipo de los perros, ó el tipo de los carnívoros, de los mamíferos, etc.
A la denominación de grupo tampoco deberá asignársele ningún valor gerárquico. Deberá consi- derarse como una simple espresion destinada á fa- cilitar las descripciones, pudiéndose aplicar indis- tintamente y con igual propiedad á todos los seres de
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MAMÍFEROS FÓSILES ARGENTINOS
un orden, ó ele una familia, como á toda reunión ó colección de géneros, especies, variedades, muta- ciones, traslaciones, ó aún individuos. Así, podrá decirse, el grupo de los placentarios, como el grupo de los carnívoros, el grupo de los perros, el grupo de los zorros, etc., etc.
En la denominación de nuevos grupos, géneros y especies, me he sometido en absoluto, á la ley de prioridad, que no permite se cambie el nombre publicado siempre que esté acompañado de diagnosis que permitan reconocer las especies ó los géneros de que se trata.
Las simples listas de nombres sin diagnosis, no constituyen prioridad, sino simplemente un estorbo para el adelanto de la ciencia, y no hay la menor obligación de tomarlos en consideración ; ni tampoco pueden resucitar esos términos otros naturalistas, aunque esos nombres sean los mas antiguos, si las especies de que se trata recibieron mas tarde otros,
acompañados de diagnosis que permitan su dis- tinción.
Esas listas sin diagnosis entran en la categoría de nomina nuda, y los nombres específicos ó genéri- cos en ellas mencionados deben ser rayados de todos los trabajos, evitando de nombrarlos bajo cualquier forma. Eli este caso se encuentran la casi totalidad de las denominaciones genéricas y específicas de Bravard.
Por otra parte, como es una de las leyes elemen- tales de la nomenclatura que el mismo nombre en zoología no puede ser aplicado mas que á un solo género, he cambiado todos los nombres genéricos que tenian doble empleo, respetando el mas anti- guo.
No insisto mas sobre esto, porque son principios universalmente reconocidos, y á los que tienen for- zosamente que someterse todos aquellos que quieran que sus trabajos sean tomados en consideración.
RESÚMEN GEOLÓGICO
Los medios de que disponen los geólogos para la determinación de la edad de las diferentes capas, son, la estratigrafía y el examen de los restos orgá- nicos que contienen.
Es un hecho ya por nadie discutido, que, los ani- males fósiles que se encuentran sepultados en las entrañas de la tierra en un punto dado, son tanto mas diferentes de los que en la actualidad pueblan la misma comarca, cuanto datan de una época mas antigua, y tanto mas parecidos cuauto mas próximos son de la época actual. De ahí que se haya juzgado de la antigüedad de los terrenos según el tanto por ciento de las especies de moluscos extinguidos que contienen, — y por mas que se haya criticado este sistema, él es hasta ahora el único práctico, racional, que se presta á deducciones generales siempre de idéntico valor y comparables entre sí, que permi- tieron la división de los terrenos sobrepuestos á la creta, en eoceno, oligoceno, mioceno, plioceno, cuaternario y reciente.
Sobre el mismo principio se ha llegado á una división mas práctica y mas fundamental, que, sin
escluir la anterior, permite dividir el conjunto de las formaciones cenozoicas en tres grandes divisio- nes fundamentales fáciles de reconocer por pocas que sean las especies de moluscos que contengan, llamadas, eogena, neogena y plioneogena.
La época eogena, la mas antigua, está consti- tuida por terrenos cuyos moluscos fósiles son todos extinguidos, y se divide á su vez en tres períodos, llamados palaeoceno, eoceno y oligoceno.
La época neogena está formada por terrenos cuya fauna de moluscos contiene una mezcla de especies extinguidas y existentes, y comprende los períodos mioceno y plioceno.
La época plioneogena, la mas moderna, compren- de aquellos terrenos cuyas especies de moluscos, sin excepción, existen todavia en la actualidad, y se reparten en dos períodos, el cuaternario , y el reciente .
Sobre esta base, y según el sistema de clasifica- ción espuesto, está construido el adjunto cuadro de las formaciones cenozoicas de la República Argen- tina.
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MAMÍFEROS FÓSILES ARGENTINOS
CUADRO DE LAS FORMACIONES CENOZOICAS DE LA REPUBLICA ARGENTINA
PISOS Ú HORIZONTES GEOLÓGICOS
FORMACIONES
CRETACEO?
Palaeoceno
I. EOCENO. -To- \ dos los moluscos de .' especies extinguidas. 1
Eoceno
Oligoceno .
Mioceno.
II. NEOGENO. Mo- luscos de especies ( extinguidas y exis- tentes
Plioceno
III. PLIONEO- GENO. Todos los mo- luscos de especies existentes
Cuaternario
Reciente
^ Guaranítieo inferior ( Guaranítieo medio . .
Secundario
Pehuenche (guaranítieo sup.). ( Goiaranitica Mamíferos (. Pyrotherium ), etc.
y Dinosaurios
Sub-Patagónico [Baculites) . . . .
Santa-cruzeño [Plagiaulacidae ,
CreodontaY
Paranense (O sírea Ferrarisi)., .
Mesopotámico ( Sea la brin ithe-
rium, Megcmys
Patagónico ( Ostrea patagónica).
Santa-
cruzeña
Patagónica
Araucana
Araucano ( Plohophorus Ame- ghini, Azara occidentalis).. . .
Hermósico [Pachy rucos iy pi- cas)
Pehuelcbe (sub-pampeano). ( No -
pachtus coagmentatus )
Ensenadense (pampeano inf.).
( Typo therium cris ta tu m)
Belgranense (pampeano medio) (Neoracanthus-Asara sp.cxting.)
Bonaerense (pampeano superior)
(. Dilobodon , Glypiodon iypus ).
Lujanense (pampeano lacustre)
\ ( Hydrobia Ameghini )
Tehuelche (Sin fósiles) Tehuelche
Terciario
Pampeana
Epoca
Antropozoica
/ Querandino (post-pampeano ma- í riño) ( Azara labiata )
ÍPlatense (post-pampeano lacus- tre) ( Palaeolama mesolílhica) . .
/' Aimará (reciente) (. Anchenla gua- \
} naco)
\ Ariano ( Equus caballas). ...... /
Cuaternaria
Posterciario
Reciente
RESÚMEN GEOLÓGICO
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El conjunto de los terrenos de sedimento de nues- tro suelo, posteriores á la época secundaria, está formado por una sucesión de capas de origen marino y sub-aéreo, que marcan otras tantas oscilaciones continentales, ó sea avances y retiradas del océano, observándose que las formaciones terrestres ó sub- aéreas, son mas estendidas á medida que son de época mas reciente, y vice-versa, las marinas son tanto mas limitadas, cuanto datan de tiempos mas modernos. Los primeros avances marinos alcanzan hasta el pié mismo de la cordillera, mientras que los mas modernos solo lian invadido una angosta banda á lo largo de las costas actuales.
LÍMITES ENTRE LAS FORMACIONES SECUNDARIAS Y TERCIARIAS
Eu Europa, las formaciones secundarias mas mo- dernas y las terciarias mas antiguas, están perfecta- mente delimitadas. El fin de la época secundaria está indicado por la gran estension de la formación de la creta, depositada en el fondo de un mar que ocupaba casi toda la Europa.
A este mar, sucede el estado insular, desaparece la creta y aparecen directamente superpuestos los terrenos terciarios inferiores con los primeros gran- des mamíferos terrestres, sin vestigios ya de los grandes saurianos de la época secundaria.
En Norte-América, la separación entre ambas formaciones, no es tan neta, pues entre la parte superior de las inmensas capas de tiza del mar cre- táceo, y los depósitos terciarios inferiores, se en- cuentran diseminados una série de depósitos de naturaleza lacustre, que no pueden ser colocados de un mo jfinitivo, ni en el secundario, ni en el te j ; contienen una fauna mixta, una mezcla de .sos de corpulentos reptiles terrestres del orden de los dinosaurios, tipo mesozoico indiscutible, con otros géneros de reptiles y de pescados que en Europa se muestran en la base del terciario conjun- tamente con restos de mamíferos, los que también se han encontrado últimamente, aunque no muy abundantes, en los mismos depósitos de Norte-Amé- rica. Esos yacimientos constituyen el horizonte larámico ó palaeoceno de los geólogos norte-ameri- canos, intermediario entre el cretáceo y el eoceno. Idéntica cosa pasa en la República Argentina, en
donde el límite de ambas formaciones parece aún mas difícil de trazar que en Norte-América. No te- nemos acá depósitos de creta, pero ella está reem- plazada por inmensos depósitos de areniscas rojas que aparecen á descubierto en las faldas de varias montañas de Sud-América, y parecen constituir en todas partes la base sobre que descansan las forma- ciones terciarias.
Estas areniscas constituyen en parte la formación guaranítica de D’Orbighy, muy desarrollada sobre todo en la provincia de Corrientes y en el territorio de Misiones por donde se estiende al interior del Brasil, sepultándose háeia el Sur, en la llanura argentina, á cientos de metros de profundidad, des- cansando encima de las rocas metamórficas, en donde invariablemente la han encontrado las perforaciones artesianas bastante profundas que se han practicado.
Si bien Buhmeister, considera la formación gua- ranítica como terciaria, después de las observacio- nes practicadas por geólogos distinguidos eu el interior de la República, en el Brasil, Bolivia y Chile, que han determinado de un modo exacto la estratigrafía y clasificado algunos de los fósiles característicos, ya no puede quedar absolutamente duda alguna que pertenece á la época cretácea, siendo en su máxima parte una formación marina.
Eu la época de la formación de ese depósito, el océano ocupaba la llanura argentina, rodeando la base del macizo central constituido por la sierra de Córdoba, estendiéndose por el Oeste y por el Norte hasta el pié de la cordillera y la meseta boliviana.
Ha sido esta una época sin duda de duración inmensa, durante la cual, el continente Sud-Ameri- cauo, debe haber cambiado sucesivamente de aspec- to, — pero, por ahora, solo podemos avanzar con certitud, que el fin de este largo período ha coinci- dido con una retirada del océano, pues he podido determinar con la mayor precisión que la parte superior de la formación guaranítica, en Corrientes y el Paraguay, es decididamente de origen sub- aéreo, y con ella empiezan en nuestro suelo las formaciones terciarias inferiores llamadas palaeoce- nas, que se distinguen por la mezcla de tipos caracte- rísticos, unos de las formaciones terciarias, y otros délas secundarias.
PISO PEHUENCHE
Una arenisca absolutamente idéntica al guaraní- tico superior de Corrientes y de la Asunción del
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MAMÍFEROS FÓSILES ARGENTINOS
Paraguay, ocupa la parte superior del Rio Negro de Patagonia, y una parte considerable del triángulo comprendido entre el Limay y el Neuquen, en donde alcanza un espesor de 200 á 300 metros, estando surcada por profundos barrancos de ero- sión, que presentan á la vista mil distintos aspectos, á cuales mas fantásticos y caprichosos.
Los materiales que componen esta formación, son capas de areniscas rojizas, en unas partes poco coherentes, y en otras cimentadas por otros mate- riales formando masas sumamente duras, entre las que se encuentran á menudo interpuestos bancos de margas arcillo-arenosas del mismo color rojizo, ó capas delgadas de arenas amarillentas.
El doctor Adolfo Doering ha designado el hori- zonte de estas areniscas con el nombre de piso pehuenche, refiriéndolo al eoceno inferior, basán- dose casi exclusivamente sobre datos estratigrá- ficos.
Pero últimamente se han descubierto en esas are- niscas numerosos huesos de grandes reptiles del orden délos dinosaurios, acompañados de otros que parecen representar la extinguida familia de los cocodrilos opistocelios, conjuntamente con huesos de mamíferos del orden de los edenlados, y otros cercanos de los corifodontes. Esta mezcla singular demuestra que se trata de un yacimiento de carac- téres intermediarios, que se interpone entre la parte superior del cretáceo, y la inferior del eoceno; es decir, corresponde precisamente al horizonte larámico de los norte-americanos, que constituye la base del palaeoceno.
La edad de esta vasta formación de areniscas rojas, queda así fijada con bastante precisión, hecho im- portantísimo por cuanto nos permite seguir con cierta facilidad relativa el encadenamiento de las demás formaciones cenozoicas á las que sirve de base.
FORMACION SANTACRUZEÑA
En la Patagonia austral, desde el rio Deseado hácia el Sur, alejándose unas 1 5 á 20 ó 25 leguas de la costa, desaparece la gran formación marina cono- cida con el nombre de patagónica, que hasta ahora se suponía se internara en el interior hasta la misma cordillera. En su reemplazo, aparecen debajo de las capas de rodados y del manto de basalto que les
sigue, una vasta formación terrestre ó sub-aérea, formada por estratos de arenas, arcillas, calcáreos, y rocas mas ó ménos compactas de origen volcánico, dispuestas en lechos horizontales, con numerosos fósiles terrestres, particularmente huesos de mamí- feros, y con un espesor de 100 hasta 200 metros. La parte inferior, pasa insensiblemente á una forma- ción marina, de espesor indeterminado, pero de caractéres constantes.
El conjunto de estos terrenos constituye una serie completamente distinta de los conocidos con el nom- bre de formación patagónica, que propongo desig- nar con el de formación Santacruzeña, dividida en dos horizontes, el superior ó Santacruzeño de origen fluvial ó sub-aéreo, referible al eoceno infe- rior, y el inferior ó sub-patagónico, de origen ma- rino, referible al palaeoceno superior.
PISO SUB- PATAGONICO
Las capas de areniscas rojas del piso pehuenche, un poco mas cerca déla costa que la confluencia del Neuquen y del Limay, en el punto conocido con el nombre de Fresuo-Menoco, disminuyen de espesor aparente hasta que pasan debajo de una formación marina muy antigua, que es el horizonte inferior de la formación Santacruzeña. Este manto parece se estiende sobre casi toda la Patagonia, aunque á grandes profundidades. Se ha encontrado en la parte inferior de las barrancas del Rio Chico, y Cáelos Ameghijno lo ha seguido todo á lo largo del Rio Santa Cruz, desde Rarrancas Elaucas á unas 15 le- guas de la costa, hasta el lago Argentino.
En toda esta estension se encuentra siempre en la base de la barranca, elevándose su parte superior á unos 25 á 30 metros sobre el nivel del agua del Rio, pero su parte inferior desaparece debajo del agua. En unas partes está completamente despro- vista de fósiles, y en otros abundan, encontrándose sobre todo en cantidad una especie de Ostrea todavía no descripta, muy distinta de la Ostrea pata- gónica.
Esta formación marina corresponde á un avance del océano sobre el continente pehuenche de los últimos tiempos de la formación guaranítica, y representa sin duda al este de los Andes, los depó- sitos terciarios antiguos de Chile, que contienen todavía algunos géneros evidentemente cretáceos como el Bépulites, Cinulia y Trigonia ; citando
RESÚMEN GEOLÓGICO
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* Philtppi entre los vertebrados un representante de la familia jurásica de los enaliosauros, prueba evi- dente de que esta capa no puede referirse á un horizonte mas reciente que la división inferior mas antigua del terciario designada con el nombre de palaeoceno , del que representa la parte superior.
Esta es también la opinión de mi hermano Cáelos Ameghiho que se espresaá su respecto de la siguiente « manera : Esta formación marina, que surge en el in- terior de una manera repentina y aislada, no es de suponer sea la continuación de la misma que se mues- tra á lo largo de toda la costa patagónica y en la Bahía de Santa Cruz, porque á mas de hallarse á un nivel muy inferior, contiene una Ostre a al parecer de especie distinta de la común 'Ostrea patagónica de aquella formación costanera, y creo mas probable represente una segunda formación mas antigua que en las regiones del litoral no pasa á descubierto, hallándose probablemente á un nivel demasiada- mente inferior para permitir ser observada » C
PISO SANTACRUZEXO
Este manto marino mas antiguo, está cubierto en la Patagonia austral por una vasta formación de ori- gen terrestre ó sub-aéreo, de varios cientos de pies de espesor, con numerosos fósiles terrestres, parti- cularmente huesos de mamíferos, y corresponde á otro avance continental sobre el antiguo mar palaeo- ceno. El continente adquirió, á lo rnénos en la Patagonia austral, una estension mucho mayor que durante la época pehuenche, poblándose de nume- rosos mamíferos de órdenes muy variados, pero sin vestigios de huesos de los grandes dinosaurios de la época palaeocena.
Esta formación ha sido examinada por Cáelos Ameghiwo todo á lo largo del rio Santa Cruz, de manera que para dar una idea de ella, me parece lo mas conducente extractar algunos párrafos de su informe :
« Dirijiéndose liácia el interior, el primer punto en que aparece á descubierto la formación es « Bar- rancas Blancas » , en la estremidad O. de la gran cur- * xa que el rio describe en Svvamp-Banclí ó Bincon Grande, donde existen algunas barrrancas denuda-
L Carlos Ameghino. Informe sobre un viaje á la Patagonia austral, elevado al Director del Museo La Plata en Diciembre de 1887. Ms.
das, por efecto de la anual y poderosa erosión que ejercen las aguas provenientes del deshielo de las nieves acumuladas durante los inviernos en aque- llas alturas.
« Este solitario y devastado fragmento de meseta, en todo sentido surcado de ásperas quebradas, de valles y cerrilladas, ofrece importantes y preciosas riquezas paleontológicas para el estudio de la extin- guida y casi desconocida fauna mamalógica que durante la época Eocena habitó la extremidad aus- tral de la República.
« La estructura geológica y disposición estrati- gráfica de los terrenos que constituyen este notable yacimiento, esceptuando su división mas inferior, presenta, como todos los que tuve ocasión de visi- tar mas tarde en el curso superior del mismo rio, una uniformidad y regularidad sorprendente, lo que, agregado á la estrecha semejanza que entre sí muestran los restos de organismos en uno y otros recojidos, hacen suponer para esta formación, una larga y no interrumpida edad, referible, á juzgar del exámen de los fósiles que contiene, á la época eocena.
« Examinando la elevada barranca, que en este punto se levanta de 80 á 100 metros de altura, se nota, en primer lugar, á partir de la cumbre, el infaltable manto de rodados y conglomerados que por todas partes cubre la superficie de la meseta patagónica. Inmediatamente debajo viene una vasta formación sedimentaria de origen fluviátil ó sub- aéreo, que alcanza hasta 60 y mas metros de espesor, que encierra numerosísimos restos fósiles de mamí- feros y algunos huesos de aves, lagartos y pescados de agua dulce. Esta formación, se compone princi- palmente de gruesos estratos arcillo-arenosos, de color gris verdoso, y estratos margosos, blanquizcos, de detrito volcánico, alternando con bancos arenosos y bancos pétreos de naturaleza calcárea.
« Esta importante formación, con insignificantes variaciones de estructura, ocupa toda la parte cen- tral del territorio, y pasando por debajo de la región basáltica, parece estenderse al Occidente hasta el pié mismo de la precordillera.
« Mas al interior, á solo unos tres dias de marcha del lago Argentino, cerca de Iaten-Huageno, también sobre la ribera sur, la constitución geológica es con corta diferencia, en su aspecto general, la misma de Barrancas Blancas, notándose, sobre todo, al com- pararlo con este último punto, la falta de los fre- cuentes bancos de calcáreo y la presencia aquí de
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MAMÍFEROS FÓSILES ARGENTINOS
un enorme banco de grés amarillento que corona la cúspide de la barranca, alta de 120 á 150 metros.
« Un poco mas cerca de la costa, y sobre la ribera norte, los estratos de la misma formación aparecen fuertemente dislocados; aquí, parece que á lo largo de la costa del rio, una estrecha pero prolongada faja de meseta, baya esperimentado en tiempos rela- tivamente modernos un violento hundimiento, que diera por resultado una notable diferencia en la actual posición de la capas. Llama particularmente
la atención un gran banco de grés de color gris amarillento, y de 15 á 20 metros de espesor, que en otros yacimientos vecinos y en este mismo en la parte no afectada, se presenta siempre coronando la cumbre de la barranca, y que acá, por efecto del citado hundimiento, lia sufrido un desnivel de algu- nas decenas de metros. Este inmenso banco de grés se encuentra actualmente descansando en el fondo de un pequeño valle conjuntamente con los subsi- guientes estratos inferiores arrastrados en su caida,
Dislocamiento de los terrenos eocenos de la Patagonia Austral á 35 leguas del Atlántico sobre la margen Norte del Río Santa-Cruz. (Según corte tomado por Carlos Ameghino en 1887 ).
1. Arenas de color rojizo, de poca consistencia y con escasos fósiles. — 2. Arcilla blanquizca casi pura y bien estratificada, con restos de Protoxodon. — 3. Banco de calcáreo de aspecto rojizo, sumamente duro. — 4. Arcillas arenosas de color amari- llento, horizonte en que mas abundan los restos de Pachyrucos y pequeños roedores. — 5. Margas blanquizcas de detrito vol- cánico.—6. Arcillas blanquizcas finamente estratificadas. — 7. Banco de gres arcilloso dé aspecto rojizo con restos de Astra- potlieriwm. — («'. Aluviones actuales. — (b). Nivel del agua del Rio Santa-Cruz.
los cuales se muestran fuertemente inclinados y contorneados, afectando en algunos fragmentos una disposición casi vertical » *.
La fauna de mamíferos de esta formación es muy numerosa, habiendo recogido en su viage, restos de 122 especies distintas.
Es de interés la presencia de cierto número de representantes de la familia de los Plagiaulacidse, cuyos géneros hasta ahora conocidos son de los
1 Carlos Ameghino. Informe sobre un viaje á la Patagonia Austral, etc. Ms.
terrenos secundarios y de la base del eoceno de Europa y Norte-América. Los géneros patagónicos llevan los nombres de Abderites, Acdestis y Epa- northus.
Los géneros Cladosictis, Hatliacynus, Agus- tylus, Anatherium, Acrocyon, Acyon , etc., son representantes patagónico del orden de los Creo— donta, característico de la base del eoceno tanto en Europa como en Norte América.
Los roedores están representados por un consi- derable número de géneros, todos de dimensiones reducidas, siendo los mas comunes y característicos
RESÚMEN GEOLÓGICO
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Sciamys, Steiromys, Adelphomys , Spaniomys, Neoreomys, Prolagostomus, Perimys y Bo- ca relia.
Los toxodontes, son tan abundantes como los roe- dores, pero todos de tipos muy distintos de los mas modernos ó pampeanos. Los géneros mas comunes y característicos son: Pachy rucos, Hegetotherium, Intera therium , Protypotherium , Nesoclon , Protoxodon, Icochilus y Adinotherium.
Los demás paquidermos están representados por los géneros Theosoclon, Homalodontotherium, Astrapotherium, Proterotherium, etc.
Los edentados tenian ya en esta época numerosos representantes, unos como el Propalaehoplopho- rus, Peltephilus y Stegotherium, del mismo grupo que los armadillos; los otros, como los géne- ros Eucholceops, Hapalops, Nematheriurn, Tre- matherium, Planops, Entelops y Xyophorus , eran mucho mas próximos del grupo de los megate- roides.
LA FORMACION BASÁLTICA Y EL ANTIGUO CONTINENTE
PATAGÓNICO
Los terrenos del piso santacruzeño mencionado, están cubiertos sobre una parte considerable de su estension, por mantos de basalto de 50 á 100 metros de espesor, que pasa de 150 en algunos puntos, estendiéndose á menudo sin interrupción sobre de- cenas de leguas de superficie.
Esta formación basáltica se ha considerado hasta ahora.no sé con qué fundamento, como de época muy reciente, y como depositada en el fondo del mar, surgiendo luego inmediatamente para ser cubierta por los hielos de la época glacial. Pero ocurre una dificultad: que encima de los estratos sub-aéreos que contienen la fauna eocena mencionada, no se encuentra el mas pequeño depósito en el que se pueda encontrar el mas mínimo vestigio de un orga- nismo marino, de donde se deduce forzosamente, que, á partir del principio de la época eocena, la Patagonia ha sido una tierra emergida sin disconti- nuidad hasta nuestros dias, y que de consiguiente, el manto de basalto no se ha depositado en el fondo del mar, pero sí en la superficie de una tierra emer- gida.
Si se observa la línea que forma la región basál- tica, se advierte pronto con sorpresa que corre pa-
ralela á la costa del antiguo continente eoceno ; en la región del Santa-Cruz y del Deseado, los mantos basálticos recien aparecen á 1 5 ó 20 leguas de la costa, en donde ya ha desaparecido la formación ma- rina patagónica y surge en las barrancas la formación fluviátil mas antigua. Mas al Sur, en la región del Gallegos, en donde los estratos fluviátiles ó sub- aéreos de la formación eocena llegan hasta cerca de de la costa, los basaltos que los cubren también se aproximan al Atlántico.
Al contrario, toda la región costanera ocupada por la formación marina patagónica está desprovista de basaltos, no conociéndose hasta ahora un solo punto en el que estos estén directamente superpuestos á los bancos de la Ostrea patagónica. Las erupciones basálticas de la Patagonia son por consiguiente an- teriores á la formación patagónica, pero posteriores al continente eoceno, cuya estension no debía ser mu- cho mayor que en la actualidad; pues si fuera lo con- trario, los estratos de origen terrestre eocenos que se encuentran en el interior á un nivel relativa- mente elevado, deberían mostrarse visibles sobre la misma costa del Atlántico, mientras que por el contrario, las barrancas están formadas en todo su alto por estratos de origen marino en su totalidad.
De estos hechos es permitido deducir :
1 0 Que la Patagonia es una tierra emergida desde la época eocena ;
2o Que desde entonces nunca tuvo una mayor es- tension territorial que la que presenta en nuestra época;
3o Que el manto de basalto que cubre el territo- rio no se ha formado en el fondo de un mar, sino encima de la superficie de un continente ;
4o Que la edad del basalto patagónico es poste- rior al continente eoceno, pero anterior á la forma- ción patagónica oligocena.
Que la Patagonia sea el resto de un continente mas estenso hoy sumerjido, que, después del prin- cipio de la época terciaria haya sido emergida y sumergida repetidísimas veces, y que el basalto sea un mar de fuego que se estendió sobre ese terri- torio en época reciente, sucediéndole inmediata- mente una época glacial que cubriera de formida- ble capa de hielo todo el territorio austral de la Re- pública, son simples alucinaciones de cerebros enfermos y calenturientos 1 .
1 Moreno. Patagonia, resto de un antiguo continente hoy su- mergido. Buenos Aires, 1882.
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MAMÍFEROS FÓSILES ARGENTINOS
FORMACION PATAGÓNICA
La formación patagónica, asi designada por D’Or- bigny, se presenta muy desarrollada sobre las bar- rancas de la márgen izquierda del rio Paraná en la provincia de Entre-Rios ; mas al sur, en toda la provincia de Buenos Aires, pasa debajo de la for- mación pampeana, hundiéndose su parte superior hasta una profundidad de 100 á 150 metros, para reaparecer en la embocadura del Bio Negro desde donde se estiende sobre casi toda la costa marítima de la Patagonia hasta el Estrecho de Magallanes, con un espesor á la vista que alcanza en puntos hasta cerca de 300 metros.
Creíase en otros tiempos que su estension de Este á Oeste era igualmente considerable, suponien- do la mayoría de los autores que se estendía de- bajo de la llanura argentina hasta el pié mismo de la cordillera de los Andes : pero las investigaciones mas recientes demuestran que se estiende en forma de banda angosta dirigida de Norte, á Sur, formando una especie de cordon á lo largo de la costa de un antiguo continente. En la parte Norte, al Oeste del Rio Paraná, no se ha encontrado ni en las faldas de la sierra de Córdoba, ni en ningún otro punto del interior de la República, y mas al Sur, en la Patagonia austral, Carlos Amegiiuvo, ha encon- trado que solo se estiende hácia el interior hasta unas 15 ó 20 leguas de la costa, desapareciendo precisamente en donde empieza á desarrollarse la formación Santacruzeña. La misma formación y también en forma de cordon dirigido de Norte á Sur, se estiende en la costa del Pacífico sobre casi todo el litoral chileno.
En cuanto al conjunto de la fauna fósil de mo- luscos de la formación patagónica, se ha llegado á los siguientes resultados fundamentales :
Io Que la totalidad ó casi totalidad de las espe- cies que contiene, son extinguidas, lo que demues- tra evidentemente la edad eogena de la formación ;
2o Que las especies que se encuentran en los de- pósitos de las vertientes del Atlántico eran ja casi completamente distintas de las que en la misma época vivian en las costas del Pacífico, lo que prueba que, ambos océanos estaban desde esa lejana época completamente separados por un continente esten- dido de Norte á Sur.
Si bien D’Orbigny, Burmeister y Bravaru, han enumerado escrupulosamente las distintas capas que en determinados puntos constituyen esta formación y los distintos fósiles que contienen, mencionando especialmente la existencia de capas con fósiles ter- restres ó de agua dulce interpuestas entre las de origen marino, no intentaron una división estrati- gráfica y paleontológica, que sin embargo se im- pone después de las prolijas observaciones deD’On- BIGNY.
El Dr. Doering, basado sobre los datos de su ilustre antecesor, yen sus observaciones personales, ha subdividido la formación en tres distintos hori- zontes que designa con los nombres de paranense, mesopotámico y 'patagónico, el primero que cree todavía referible á la época eocena, y los dos últi- mos á la oligocena ; y los descubrimientos paleon- tológicos de estos últimos años concuerdan con esta división.
El piso inferior ó paranense y el superior ó pata- gónico, son de origen marino, y el intermediario ó mesopotámico, es de origen terrestre ó sub-aéreo.
PISO PARANEjNSE
Los estratos de esta sub-formacion son todavía poco conocidos, debido sobre todo á que se encuen- tran en todas partes á grandes profundidades, la mayor parte de las veces á un nivel inferior al del océano, ó están cubiertos por los estratos de las for- maciones superiores que dificultan su estudio, pre- sentándose á la vista tan solo en un limitadísimo número de puntos.
En la Patagonia austral no se presenta á descu- bierto en las barrancas del Santa Cruz en donde se vé la formación Santacruzeña que al aproximarse de la costa pasa debajo del piso patagónico, y en la embocadura misma del rio Santa Cruz las capas de Ostrea patagónica, características de este último horizonte recien forman la base de la barranca al nivel del agua del mar, lo que prueba, ó que faltan acá los estratos del piso paranense, ó que se en- cuentran á una profundidad considerable.
Hácia el Norte, los estratos del piso paranense recien pasan á descubierto en la embocadura del Bio Negro de Patagones, en donde han sido estu- diados por A. Hoerikg y D'Orbiginy. Aquí, sepre-
RESÚMEN GEOLÓGICO
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senta en la base de la barranca con un espesor visi- ble de pocos metros, descendiendo hacia abajo del nivel de las aguas del rio hasta una profundidad desconocida. La parte visible se compone de estra- tos grises, verdosos ó rojizos, según los puntos, for- mados por un gres cuarzoso de grano fino unido á menudo por un cemento calcáreo. Los moluscos ca- racterísticos de esta formación son : la Ostre a Fer- rarisi que forma bancos con las conchas en su po- sición natural y ambas valvas unidas, y el Peden patagonensis .
Mas al Norte, vuelve á aparecer á descubierto en las barrancas del Paraná cerca de la ciudad del mismo nombre, pero apenas es dado observarlo en las grandes bajantes, durante las cuales queda en- tonces á descubierto la parte superior formada por una especie de marga arenosa de color verduzco. Todavía mas al Norte, en el Arroyo Verde, está for- mado por un gres rojo ferruginoso con conchas ma- rinas trituradas, que no lejos de ese punto se pone en contacto con la formación guaranítica en estrati- ficación discordante.
En ese horizonte aparecen en Sud-América los primeros cetáceos, representados por un género ex- tinguido de delfín, el Pontistesredifrons, algo pa- recido á la Pontoporia actual de la embocadura del Plata, precisamente el tipo mas primitivo de los del- fines actualmente existentes.
El carácter primitivo de este tipo, unido á la presencia de huesos de un representante de la fa- milia de los Zeuglodontidae, confirman la edad eocena superior atribuida á este horizonte según los datos proporcionados por el estudio de los mo- luscos.
Como estas capas marinas no se han encontrado hasta ahora en el interior descansando encima de las capas de origen terrestre déla parte media de la época eocena, parece probable que el antiguo con- tinente representado por la formación santacruzeña conservó durante la formación de las capas del piso parauense, mas óménos sus antiguos límites.
PISO M E SOPOTÁ MICO
Pero, al período representado por las capas del piso paranense, sucede un gran retroceso del océa- no, y un avance continental durante el cual la
tierra firme ocupó una liten sion bastante aproxi- mada á la que presenta en nuestra época. La primera etapa de esta vasta estension continental, está indi- cada por estratos de arenas grises y amarillentas de pocos metros de espesor qne se encuentran al pié de las barrancas del Rio Chubut, conteniendo restos de mamíferos fósiles de géneros que se en- cuentran también en las barrancas de la embocadura del Rio Negro y en las de! Paraná en el mismo horizonte.
En la embocadura del Rio Negro de Patagones, estas capas intermediarias del piso mesopotámico alcanzan un espesor de 10 á 15 metros, estando formadas por estratos de gres y de calcáreo muy duro, con huesos de mamíferos terrestres y molus- cos de agua dulce.
En los alrededores del Paraná aparece la misma formación unas dos leguas aguas arriba de la ciudad del mismo nombre, en donde constituye la parte inferior de las barrancas con un espesor que alcanza á menudo 25 á 30 metros, estando constituida por delgadas capas de arcilla y otras mas espesas de arenas, en unas partes sueltas y en otras conglo- meradas por un cemento de óxido de hierro hidra- tado que las ha teñido de un tinte amarillento.
La misma formación parece se presenta toda- vía mas desarrollada en el curso superior del Rio Negro, y en el triángulo del Neuquen y del Limay, en donde está representada por espesos mantos de gres arcilloso con numerosos fragmentos y aún tron- cos enteros petrificados de antiguas palmeras, coni- feros y otros árboles que indican la existencia de un clima y bosques de carácter subtropical, pero des- graciadamente hasta ahora ha sido muy poco estu- diada en esas regiones.
Los terrenos de este período en las barrancas del Paraná y en las del curso inferior del Rio Negro, son sumamente abundantes en vertebrados fósiles de todas las clases, pero los mas conocidos ó que á lo menos hasta ahora han sido objeto de un estudio sério, son los mamíferos, de los que se conocen ya unas 90 especies distintas, en su casi totalidad her- bívoros. Apenas se han encontrado hasta ahora tres ó cuatro carniceros, de los que, solo uno de talla algo considerable ( Ardotherium vetustum), pero perteneciente á la familia de los osos que es la ménos carnicera de todas.
Los animales predominantes son los roedores, que constituyen un 40 por ciento de la anti- gua fauna de mamíferos del Paraná, alcanzando al-
MAMÍFEROS FÓSILES ARGENTINOS
gunos (Megamys) dimensiones gigantescas. Des- pués de los ratones, los que mas predominan son los edentados, que aún en la actualidad caracterizan la fauna niamalógica de Sud-América, y que no hace aún mucho tiempo se creían en nuestro conti- nente de época reciente. Algunos representantes de otros dos grupos particulares, hoy completa- mente extinguidos, pero que en las épocas pasadas fueron esclusivos de Sud-América, el de los toxo- doutes y el de los macroquénidos, á Jos que hay que agregar todavía tres ó cuatro géneros de colo- cación dudosa (Brachytherium, Ribo don), com- pletan la antigua fauna de mamíferos del horizonte mesopotámico.
Entre los reptiles caracterizan este horizonte el Proalligator australis Brav., Rhamphostoma neogaea Burm., Platemys para nensis Brav., y Platemys torrentium Burm.
Los pescados cuyos restos se encuentran con mas frecuencia son Silurus Agassizii Brav., Raía Agassizii Larrazet., Dynatobatis paranensis Larraze y Dynatobatis rectangularis Larr.
Entre los moluscos caracterizan esta sub-forma- cion la Chilina antigua D’Orb. y el Unió d.ilu- vii D’Orb.
Entre los restos de maderas fósiles encontra- dos en los estratos de esta época en el curso su- perior del Bio Negro de Patagonia, hay un género,
Sucesión y superposición de las formaciones eogenas en la Patagonia austral
i. Océano Atlántico. — 2. Formación errática. — 3. Formación basáltica. — 4. Formación patagónica. — 5 y 6 Formación santacruzeña. — (5). Piso santacruzeño. — '6). Piso subpatagónico.
el Rhizocupressinoxylon cuyas especies no lian podido ser determinadas, y cuatro especies pertene- cientes á géneros que se encuentran en los terrenos oligocenos de otros países, el Cupressinoxylon patagonicum Cox., Cupressino xylon latiporo- sum Cox., Glyptostroboxylon Goeppertii Cox., y Ar aucario xylon Doeringi Cox.
PISO PATAGÓXICO
Al período del continente mesopotámico sigue luego un gran descenso del suelo, y el mar vuelve á penetrar tierra adentro cubriendo otra vez poco á poco los terrenos de origen sub-aéreo que contie-
nen los restos de mamíferos mencionados, for- mándose sobre ellos lentamente el inmenso banco de conchas marinas que constituye la parte media de las barrancas del Paraná, pasa á mas de 100 me- tros de profundidad debajo de la superficie del suelo de la provincia de Buenos Aires, y reapa- rece al Sur del Bio Negro estendiéndose por casi toda la costa patagónica hasta el Estrecho de Ma- gallanes.
El molusco característico de esta inmensa forma- ción marina que, en las regiones australes alcanza cientos de metros de espesor, es la gigantesca Ostrea patagónica , apareciendo con ella en Sud- América los primeros representantes de la familia de las ballenas.
La casi totalidad de las conchillas recogidas en esta vasta y espesa formación, han sido reconocidas
RESÚMEN GEOLÓGICO
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como de especies extinguidas, con escepcion de un 2 por ciento de especies actuales recogidas en los estratos superiores, de donde se deduce claramente que todos los terrenos enumerados superpuestos á las areniscas rojas hasta el banco marino en cues- tión, pertenecen indudablemente á la división infe- rior de los terrenos terciarios designados con el nombre de eogenos, formando el piso patagónico la división superior del oligoceno.
En el curso intermediario del rio Paraná, sobre su margen izquierda, en la provincia de Entre-Eios, los estratos de esta subformacion pueden seguirse en un espacio de 80 leguas, en donde forman la parte superior de la barranca inmediatamente debajo de la capa homogénea de arcilla roja pampeana. Se componen de capas horizontales de arenas rojas ó amarillentas, arcillas verdosas y calcáreo mas ó me- nos compacto, terroso en unos puntos y cavernoso en otros, en unas partes sin vestigios de conchillas, en otras formado por conchas de moluscos triturados, y á menudo constituyendo bancos enormes for- mados por una inmensa acumulación de ostras intactas.
En la parte inferior predominan las capas areno- sas, ó areno-arcillosas verdosas, y el calcáreo en la superior. El conjunto de estas capas alcanza acá un espesor de 20 á 30 metros, según los puntos.
Los fósiles son muy abundantes, encontrándose huesos de ballenas, otarias y delfines, restos de es- cualos, rayas, silúridos y tortugas, etc. Entre los invertebrados hay infinidad de restos de crustáceos, equinodermos y moluscos. Las especies de molus- cos características de esta sub-formacion son : la Ostre a patagónica. D’Orb., Ostrea Alvarezii D’Orb., Peden par anensis, D’Orb., Peden Dar- wñnianus, D’Orb., Arca Bomplandiana D’Orb., Cardium multiradiatum Sowerby, Venus Munsteri D’Orb., Venus meridionalis Sower- by, Cerithium americanum, Erav., Voluta alta Sowerry, y otras todavia poco conocidas.
En la parte inferior del curso del Eio Negro de Patagonia, y en las costas marítimas de la Patagonia seten trienal, las capas del piso paranense alcanzan hasta 70 á 80 metros de espesor. La parte superior se compone de estratos de arcillas, arenas y calcá- reos, estos á veces bastante compactos, presentando en su conjunto un aspecto muy parecido á la parte superior de la misma sub-formacion en el Paraná ; pero la parte inferior, con un espesor de 20 á 50 metros, en vez de estar constituida por estratos
arenosos y arcillosos amarillentos verduzcos, está formada acá por capas horizontales de un gres azu- lado de grano fino y poco coherente, generalmente sin fósiles. Un fenómeno importante en estos estra- tos, es la aparición de sustancias detríticas de origen volcánico, especialmente partículas trituradas de piedra pómez. Los fósiles acá mas abundantes son : la Ostrea patagónica, Ostrea Alvarezii, Peden patagonensis, Venus Munsteri y Arca Bom- plandiana.
Mas al Sur, en la Patagonia Austral, en las costas de San Julián y en la embocadura del Santa Cruz, las capas de este horizonte empiezan sobre el mismo nivel del agua del océano, elevándose hasta mas de 250 metros. La parte inferior en donde sobre todo abundan los fósiles marinos, se compone de estratos de arenisca arcillosa ó margosa muy compacta y de color oscuro, con algunas partículas volcánicas. Pero la parte superior, con un espesor aproximado de 100 metros, está compuesta de estratos arenosos, en los que predominan los materiales de origen volcánico, cenizas, tobas, etc., resultado de la descomposición de rocas traquíticas y pumíceas, y en las que se encuentran muy pocos fósiles marinos, mientras que en las capas mas superficiales parece se presentan á veces huesos de mamíferos terrestres.
Los estratos de la formación patagónica desapare- cen tierra adentro á unas 15 á 20 leguas de la costa, en donde empieza á desarrollarse la formación eo- cena ó santacruzeña. El límite entre ambas formacio- nes está bien indicado por un cordon de conchas trituradas de ostras y otros moluscos, que corre de de Norte á Sur en el interior de las tierras marcando la antigua playa del océano patagónico.
Los fósiles característicos de este horizonte en la Patagonia austral, son : la Ostrea patagónica D'Orb., Peden paranensis D’Orb. Peden cen - tralis Sowerby, Pede¿n geminatus, Sowerby, Terebr atula patagónica Sow., Struthiolaria ór- nala Sow., Fusus patagonicus Sow., Fusus Noachinus Sow., Scalaria rugulosa Sow., Tur - ritella ambulacrum Sow.
FORMACION ARAUCANA
Una de las causas que han retardado la determina- ción aún aproximada, de la edad de los sedimentos
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MAMÍFEROS FÓSILES ARGENTINOS
terciarios de nuestro suelo, fue la ausencia aparente de estratos que se interpusieran entre la parte su- perior de la formación patagónica y la inferior déla formación pampeana, pues en las barrancas del Pa- raná, punto clásico de observación, ambas forma- ciones se encuentran directamente superpuestas.
Es cierto que en la provincia de Buenos Aires, tanto en la región comprendida entre el Paraná y las sierras del Tandil, como en los alrededores de la Sierra de la Ventana, existen capas arenosas particu- lares cubiertas por la arcilla roja del terreno pam- peano, conocidas desde hace ya muchos años, pero en ambos casos dichas capas han sido consideradas como formando parte de la formación pampeana.
También en el interior de la República, cercado las faldas andinas, se habían descubierto capas de areniscas particulares, que fueron atribuidas, ó á la formación pampeana ó á la patagónica, hasta que el Dr. Adolfo Doeripíg, demostró que los menciona- dos estratos formaban parte de una vasta formación de aguadulce ó sub-aérea, mas moderna que la for- mación patagónica, pero anterior á la formación pam- peana, que denominó formación araucana. Los estra- tos de esta formación se presentan á descubierto en toda la pampa delS. O. en donde alcanzan un espe- sor considerable, que parece disminuye gradual- mente hácia el Este, hasta que, al llegar á las fron- teras occidentales de la provincia de Buenos Aires pasan debajo de la formación pampeana, intercalán- dose entre esta y la formación patagónica, en forma de cuña que continúa adelgazándose hácia el Este hasta el Atlántico.
El priucipio de la formación araucana coincide con un nuevo movimiento de báscula de la corteza terrestre de esta parte de América, seguido de otro retroceso del océano, que indica el principio de la época neogena, durante la cual el avance continen- tal fué tan acentuado, que la tierra firme estendió á intérvalos sus limites orientales muy léjos de las costas actuales, sobre vastas superficies ocupadas en nuestra época por las aguas del Atlántico.
La época de la sedimentación de las capas de la formación araucana parece haber sido un período de gran actividad volcánica, pues casi en todas partes los terrenos de esta formación están acompañados de detritus de rocas volcánicas diseminados en su masa general, y formando también á veces capas secunda- rias interpuestas entre las otras.
Un carácter general que distingue estos terrenos de los mas modernos de la formación pampeana, es
su composición esencialmente arenosa, casi siempre con poquísima arcilla, faltaudo también en elfos las concreciones calcáreas características de los terrenos pampeanos, si bien no es rara la presencia de la cal en su composición general, que le dá en ciertos pun- tos una apariencia margosa. También forman capas mas compactas, que en muchos casos pueden clasi- ficarse como areniscas de grano fino y poco cohe- rentes.
El conjunto délos terrenos de esta formación cor- responde á la época miocena, y según nuestros co- nocimientos actuales se reparten en tres distintos horizontes, el araucano, elhermósico y elpehuelche ó sub-pampeano.
PISO ARADCAKO
Las capas de este horizonte se encuentran bien desarrolladas en la Pampa occidental ó del Sud-Oeste, y en la parte intermediaria del curso del rio Colo- rado y del rio Negro, en donde constituyen la elevada meseta araucana, profundamente denudada y en parte dividida por valles de erosión en mesetas se- cundarias y colinas aisladas con sus flancos cubiertos por médanos y arenas movedizas, producidas estas por la desagregación délas capas que constituyen la formación, la que parece se caracteriza por la presen- cia de la Chilina Lallemanti Doer.
Las capas arenosas, presentan un color gris pá- lido, estando en partes los granos de arena ligados por un cemento gredoso-blanquecino, semi-pulveru- lento, encontrándose también en ciertos puntos le- chos de calcáreo mas puro que la tosca pampeña y sin aspecto concrecionario.
El espesor de esta sub-formacion en la pampa occidental no baja de 20 metros, y pasa en partes de 40.
Sobre las riberas del curso intermediario del rio Negro, las capas araucanas tienen un espesor todavía mas considerable, y en ciertos puntos,, como el co- nocido con el nombre de Sierra Chichi nal, están for- madas « por la sedimentación de detrito y materias volcánicas de transporte, cenizas y tobas de pómez, mezclados en parte con innumerables granos porfíri- cos rodados » . (Doerthg).
Desgraciadamente las capas de este horizonte, una de las formaciones mas desarrolladas en las pía-
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nicies del interior de la República, han sido hasta ahora poco estudiadas, ni tampoco se han hecho colecciones de fósiles, los que, sin embargo, pa- rece abundan en algunos puntos. Pero algunas placas déla coraza del género Plohophorus, y hue- sos de un toxodonte del género Xotodon vienen á demostrar su edad mas moderna que el piso pata- gónico, y mas antigua que la formación pampeana, pues el género Xotodon aparece en el piso rnesopo- támico sin alcanzar hasta la formación pampeana, mientras el Plohophorus no se encuentra ni en el pampeano, ni en el mesopotámico, representando un tipo particular cuyas especies son todas característi- cas de los distintos horizontes de la formación arau- cana.
En la Patagonia austral, este horizonte parece estar representado por las capas de aluvión, mezcladas con fragmentos de rocas volcánicas descompuestas y con estratos intercalados de guijarros, menciona- das por el capitán Sulivan como existentes en la embocadura del Gallegos. Estos aluviones, de época notablemente mas moderna que los estratos de la formación patagónica, contienen numerosos restos de mamíferos conjuntamente con infusorios de agua dulce, y no deben ser confundidos con los estratos eocenos que se encuentran mas abajo de donde se han estraido el Nesodon y el Ilomalodonlo- therium. Sulivan recojio una rica colección de huesos de mamíferos de diferentes órdenes que hu- bieran arrojado mucha luz sobre la verdadera edad de esta capa, pero se estravió antes de que hubiera podido ser determinada. Parece con todo que abun- dan allí los gliptodontes, probablemente el género Plohophorus, que parece se ha encontrado también en estratos mas ó menos parecidos y sin duda de la misma época, que se encuentran en la parte superior de las barrancas de la boca del rio Santa-Cruz, en donde elDr. Garlos Spegazzini ha recojido un cráneo del género Auchenia que basta para referir la formación á la época neogena.
En la parte Norte y Occidental de la República, el piso araucano está bien desarrollado en el valle de Santa Maria en la provincia de Catamarca, en donde está representado por capas de areniscas os- curas ó verdosas, poco coherentes en unos puntos, pero muy compactas en otros, afectando una estruc- tura esquistosa que muestra numerosas impresiones de conchas de moluscos, entre los que se pueden distinguir una especie extinguida del género Azara llamada Azara occidentalis Doer. y la Corbicula
Stelzneri Roer, que pueden considerarse como los fósiles característicos de esta formación. Los verte- brados fósiles tampoco son raros, siendo el mas abundante el Plohophorus Ameghini Mor., es- pecie de gliptodon peculiar á este horizonte.
Los estratos de esta formación en la parte sur de la provincia de Buenos Aires llegan hasta la misma costa del Atlántico, pero no son accesibles á la ob- servación directa á causa de encontrarse á un nivel muy inferior al de las aguas del océano, pero su presencia se constata por los fragmentos de roca y los fósiles que se desprenden de las barrancas sub- marinas y que luego las olas arrojan á la playa, indicio igualmente evidente de que la tierra firme en lo que es hoy la provincia de Rueños Aires se estendia sobre el Atlántico, mucho mas allá de sus límites actuales.
PISO HERMOSICO
Al período de la formación del piso araucano, sucede inmediatamente sin discontinuidad el de Monte-Hermoso, representado en la localidad ele este nombre, en la parte sur de la provincia de Buenos Aires, á 60 km. de Bahía Blanca, por una espesa formación de agua dulce ó sub-aérea, con un espesor á la vista de unos veinte metros, hun- diéndose la base en las aguas del océano hasta en- contrar las capas del horizonte araucano.
La masa que constituye este depósito presenta aparentemente una cierta analogía con la de la for- mación pampeana, distinguiéndose sin embargo por un rojo mas oscuro, y por presentar vestigios de estratificación mas aparentes. En los materiales que constituyen el conjunto de la masa predomina en mucho la arena sobre la arcilla, encontrándose tam- bién capas formadas por una mezcla de arena, ar- cilla y cal, pero esta última, está distribuida en toda la masa, sin afectar la forma concrecionaría que presenta en el terreno pampeano. En la parte inferior de la barranca, la cal unida á una masa arcillosa casi pura, forma estratos horizontales de pocos centímetros de espesor, pero que se estienden sobre grandes superficies, separando capas areno- sas bastante compactas.
La masa en todas partes presenta una dureza con- siderable, pero particularmente en donde contiene en su mezcla carbonato de cal. Especialmente en la parte inferior, se ven lechos horizontales de es-
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MAMÍFEROS FÓSILES ARGENTINOS
tratos de arcilla roja muy compacta y aparente- mente muy pura, pero conteniendo sin embargo siempre una pequeña proporción de cal, y á veces con lechos horizontales intermediarios de tosca. En ciertas partes se vén especies de hoyas secundarias escavadas en la misma época, y rellenadas con mate- riales generalmente mas sueltos, á menudo pulve- rulentos, en los que se distingue fácilmente una mezcla de partículas trituradas de pómez, con ma- teriales arcilio-arenosos muy subdivididos. Tam- poco es raro encontrar, en distintos niveles de la formación, pequeños guijarros rodados de la misma naturaleza que los bancos mas duros que constitu- yen la masa, lo que prueba la gran lentitud con que se sedimentaron esas capas.
La parte superior de esta formación está coro- nada por una capa de 60 cent, á 1 m. de espesor, formada por un polvo muy oscuro, probablemente en parte de naturaleza volcánica, y aglomerado formando una masa compacta y dura.
Esta barranca, de capas fluviales ó sub-aéreas, dominando el océano en unos veinte metros, prueba que también en la época de la deposición del piso hermósico, la tierra firme se esteudia muchas le- guas mas al Este sobre lo que hoy es el Atlán- tico.
Los fósiles en este punto son sumamente abun- dantes, encontrándose huesos de pescados de agua dulce, restos de lagartos, corazas de grandes tortu- gas terrestres, algunos huesos de pájaros, entre los que los hay de tamaño considerablemente superior al del avestruz, y por último numerosos huesos de mamíferos, los únicos que he sometido á un estu- dio detenido.
Los carnívoros hasta ahora solo están representa- dos por un diente canino que parece proceder de una especie de perro (Canis acutus). Entre los roedores hay todavía una gran especie de Meg a- mys (M. formosus), un gran carpincho ( Hyclro - chcerus perturbidus ), varios cavinos de menor tamaño ( Phugatherium , Diacartherium , Pa- laeocavia} Ortomyctera, etc.), algunos repre- sentantes de la familia de los octodontiuos ( Pitha - notomys, Dicoelophorus, Phtoramys, Eumy- sops ), y una vizcacha particular ( Lagostomus in- cisus).
El grupo de los toxodontes tiene representantes anormales como el Trigodon , otros de una confor- mación particular como el Pachyrucos y Xotodon, conjuntamente con varias especies de T ypotherium.
Los demás paquidermos solo están representado hasta ahora por una pequeña especie de Macrau- chenia y el Epitherium , y los rumiantes por el género precursor Eoauchenia, conjuntamente con un gran ciervo. Entre los eclentados sin coraza se encuentra en abundancia una pequeña especie de Scelidotlierium (S. patrium ); y entre los acora- zados el Plohophorus figuratus muy abundante y característico de este horizonte, algunas especies particulares de los géneros Ploplophovus, Doedicu- rus y Euryurus, el Nopachtus, el Chamydo- therium, y dos géneros extinguidos de verdade- ros armadillos, el Pra&uphractus y el Macroeu- phractus , el primero pequeño y el segundo de la talla de un Glyptodon. Eucuéntranse también en dicho yacimiento las primeras trazas de la existen- cia de un ser intelijente, precursor del hombre.
Los estratos de este horizonte se estienden en el Sur de la Provincia de Buenos Aires hasta el rio Colorado y rodean la Sierra de la Ventana, pero solo aparecen á descubierto en el fondo de los barrancos y torrenteras mas profundas que perforan por com- pletóla gran formación de tosca dura déla superficie, en donde muestran intercalados espesas capas de guijarros rodados.
PISO PEHUELCHE
Al horizonte hermósico, tan notable por los inte- resantísimos fósiles que en él se han descubierto, sigue el de las arenas semi-fluidas llamadas sub- pampeanas, que en la parte norte déla Provincia de Buenos Aires alimentan los pozos semi-surgentes é inagotables. Estas capas de arena del piso pehuel- che, en Monte-Hermoso están directamente super- puestas á las capas areno-arcillosas del piso prece- dente, coronando la barranca con un espesor de6 á 8 metros de arena suelta estratificada, algo aglomerada en algunos puntos, y presentando intercaladas capas de ceniza volcánica blanca de origen pumiceo, endu- recida, y de hasta 60 á 80 ctm. de espesor.
En el resto de la provincia, la misma formación arenosa se encuentra debajo de la arcilla pampeana, á profundidades distintas. En la ciudad de Buenos Aires se encuentra á 45 metros de la superficie del suelo, 25 metros mas abajo del nivel del agua del Plata ; en la parte Oeste de la Provincia solo se encuentra á 20 ó 25 metros de la superficie, pero en la parte Este, y sobre todo en la cuenca del curso
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inferior del rio Salado, desciende tanto que su parte superior se encuentra á 80, 90 y aún á veces á mas de 100 metros debajo de la superficie del suelo.
EL espesor de esta sub-formacion varía entre 10 á 40 metros, descansando en la Provincia de Buenos Aires en unas partes inmediatamente encima de las arcillas verdosas de la formación patagónica, pero en otras, y especialmente en la rejion del Sur, se baila directamente superpuesta á los depósitos areno - arcillosos de la sub-formacion hermósica.
En casi toda la estension de la cuenca bonaerense, esta sub-formacion consiste en capas de arena estra- tificada, casi siempre suelta é impregnada de aguaá tal punto que se designa con el nombre de arenas semifluidas.
A menudo contiene capas intercaladas de guijar- ros de cuarzo, pequeños y redondeados, mezclados con fragmentos de conchas fluviátiles, en algunos de los cuales se han podido reconocer fragmentos de Unió, de manera que no queda duda sobre su origen fluvial ó sub-aéreo. Por otra parte, la circunstancia de encontrarse en Buenos Aires á 25 ó 30 metros debajo de las aguas del océano, y en Monte-Hermoso á 20 metros encima, pero sobre la misma barranca, prueba en el primer caso que la capa ha sufrido un gran abajamiento después de la época de su forma- ción, y en el segundo que las capas que hoy sobre el borde mismo del océano se elevan á una considera- ble altura sobre su nivel, se estendian mas al Este, de donde se deduce con la mayor seguridad que tam- bién durante esta época el continente tenia una estension hacia el Este notablemente mas considera- ble que en la actualidad.
A esta misma época se refieren algunos depósitos délos valles de la Sierra de Córdoba, formados unos por capas de arenas rojizas con poca arcilla pero con una gran cantidad de pajuelas de mica, y otros por depósitos de arcilla roja con poca arena y muy com- pactos. Los fósiles son en estos terrenos muy abun- dantes, siendo los mas frecuentes y característicos, una tortuga terrestre gigantesca, probablemente el Testudo elata, un Hoplophorus de caractéres intermediarios entre los Glyptodon y los TIojjIo- phorus ( H . cordubensis), un Panochtus (P. bullifer ) que presenta una marcada tendencia al género Plohophorus, y por último el Nopachtus coagmentatus que presenta todavía en grado mas elevado la misma tendencia y parece ser verdadera- mente característico de este horizonte.
FORMACION PAMPEANA
La formación pampeana, así llamada casi al mismo tiempo por D’Orbigjny y por Darwiiv, es una de las mas vastas del territorio argentino y también la mas accesible á la observación, debiéndose á esta cir- cunstancia el que ella sea sin duda la mejor cono- cida de todas las formaciones cenozoicas de laBepú- blica, si bien también es cierto que su estudio ha dado lugar á las mas variadas controversias.
Sóbrela mayor parte de la llanura argentina y so- bre la superficie total de las provincias de Buenos Aires y Santa Fé, debajo de la tierra vegetal, de los médanos, de las antiguas lagunas desecadas y délos bancos marinos modernos de la costa, se presenta una capa de tierra areno-arcillosa, ó arcillo-arenosa, de un espesor de 40 hasta 100 metros; es esta la for- mación pampeana.
Su color es generalmente rojo-oscuro, á veces pardo ó amarillento, con estratificación difícil de distinguir. Su composición es en todas partes la mis- ma; una mezcla de arcilla y arena, predominando, ya la arcilla, ya la arena y conteniendo generalmen- te una infinidad de concreciones calcáreas. Esta mez- cla forma un polvo muy fino, en el que generalmente no se encuentran ni aún granos de arena sensible al tacto.
Capas de guijarros de rocas antiguas faltan com- pletamente en el centro de la formación léjos de las montañas, pero al acercarse á estas empiezan á pre- sentarse en forma de capas delgadas intercaladas en la arcilla y aumentan gradualmente de espesor.
Distribuidas de la manera mas irregular y á todas profundidades, se presentan grandes masas de rocas á veces muy duras, llamadas toscas, compuestas de una mezcla de cal, arcilla y arena, dispuestas unas veces en estratos horizontales, otras en aglomera- ciones, nodulos y ramificaciones de diferente tama- ño y figura.
Examinando la arcilla pampeana al microscopio, muestra pequeñísimas partículas de cuarzo casi pul- verulentas, mezcladas con un polvo rojo muy fino de naturaleza arcillosa con algunos pequeños granos de feldespato. Se distinguen también, aunque con mucha dificultad, pequeñas partículas blancas de cal y granos pequeños de óxido de fierro titánico, muy
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fácil de separar por medio del imán; en ciertos pun- tos abundan pequeñas partículas blancas y relumbro- sas, que son pequeñísimos fragmentos de pajuelas de mica. En otras partes, el limo pampeano toma un aspecto mas pulverulento y más suelto, con un color ceniza, producido por una mezcla de detritus volcáni- co; pero, lo que es mas singular es que hasta á cientos de leguas délas montañas actuales, como, por ejem- plo, en la misma ciudad de Buenos Aires, se en- cuentran intercalados en el limo pampeano estra- tos de ceniza volcánica blanca de origen pumíceo.
Be distancia en distancia y á diferentes profundi-
dades, se ven en la arcilla roja pampeana depósitos aislados de poca extensión y de color blanco amari- llento; son antiguas lagunas de la época pampeana, en las que se encuentran á menudo numerosos fósi- les de agua dulce, particularmente moluscos y pes- cados.
Los huesos fósiles de mamíferos abundan en toda la extensión de la formación, encontrándose á me- nudo esqueletos enteros.
En las capas mas modernas de la formación se encuentran capas de guijarros rodados producidos por la desagregación de las capas mas antiguas de
Corte de la barranca de Punta Alta en Bahía Blanca, (según croquis de Carlos Amegiiino)
i. Pampeano rojo (Piso ensenadense). — 2 á 4. Pampeano de sedimentación marina (Piso belgranense). — (2) Conchas con estratos intercalados de arcilla roja pampeana. — (3; Arcilla roja muy dura con conchas y guijarros. — (4) Conchas marinas casi puras. — s. Guijarros rodados. (Espesor total de g á 8 metros).
la misma formación, probando así que esta se ha de- positado con grandísima lentitud.
La misma formación se encuentra también en el interior de la República, tanto en las llanuras como en valles que se elevan á algunos miles de metros de altura, pero en ninguna parte alcanza la potencia que presenta en la hoya pampeana.
En cuanto á su modo de formación, es en casi su totalidad de origen fluvial ó sub-aéreo, formada du- rante una época en que la tierra firme continuaba extendiéndose hácia el Este sobre vastas superficies ocupadas en el dia por las aguas del Atlántico. Pero esta época fué de tan larga duración, que durante ella se verificaron grandes oscilaciones continenta- les, invadiendo por tres veces el océano la llanura
pampeana, depositando en ella estratos de conchas marinas que se encuentran intercalados en la masa de la formación, por lo demás homogénea, de la ar- cilla pampa.
Durante mucho tiempo se ha discutido sobre si la formación pampeana era de origen marino ó flu- vial, hasta que los trabajos de Bravard, de Bur- meister, y los míos, probaron hasta la evidencia que era de origen fluvial ó sub-aéreo, fundándonos todos en el hecho principal de que en el terreno pampeano no existían restos de organismos de ori- gen marino.
Hoy, sin embargo, ya no se podría negar de bue- na fé la existencia y en gran abundancia de fósiles marinos en el seno de la formación pampeana, pues
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conozco dos capas de conchas marinas, separadas la una de la otra por 12 á 14 metros de arcilla pampea- na é interpuestas en la parte inferior de la forma- ción. Pero ellas sólo indican avances del océano, quedando en pié las demostraciones anteriores de que la formación pampeana en su conjunto es de origen fluvial y sub-aéreo.
Es de sentir haya faltado el tiempo necesario para hacer un estudio de las conchas que contienen los estratos marinos mencionados, entre las que se encuentran algunas de especies desaparecidas; pero se ha examinado ya en parte la fauna de moluscos de agua dulce y terrestre de la capa más moderna de la formación pampeana, encontrándose que contiene una fuerte proporción de especies extinguidas, lo que prueba de una manera irrefutable que el con- junto de esta formación pertenece á la división supe- rior de los terrenos neogenos conocidos con el nom- bre de pliocenos.
El conjunto de los terrenos de la formación pam- peana se ha dividido en cuatro horizontes ó sub- formaciones: el pampeano inferior ó ensenadense, el pampeano medio ó belgranense, el pampeano su- perior ó bonaerense, y el pampeano lacustre ó luja- nense.
PISO PAMPEANO INFERIOR Ó ENSENADENSE
Al piso pehuelche ó de las arenas semifluidas sub- pampeanas, siguen inmediatammente las capas del pampeano inferior con un espesor de 25 á 50 me- tros.
Desgraciadamente esta subformacion está en todas partes cubierta por las capas superiores que la ocul- tan al observador y dificultan su estudio. Solo en uno que otro punto aparece á la vista la parte superior, particularmente en el municipio de Buenos Aires, en donde está representada por las toscas del fondo del rio, y en la base de las barrancas del Paraná, en la provincia de Buenos Aires.
Como composición, el pampeano inferior es casi idéntico al superior, pero es mucho mas compacto, debido sin duda á la gran presión de las capas supe- riores, y con una mayor abundancia de tosca. Un ca- rácter que distingue muy fácilmente esta sub-forma- cion de las superiores, es la existencia de una consi- derable cantidad de concreciones que, á primera vista, parecen de igual naturaleza á las concreciones
calcáreas del pampeano superior, pero que exami- nándolas con mas detención se apercibe pronto que predomina en ellas el elemento silíceo.
La distinción por capas es también generalmente mas aparente que en el pampeano superior, exis- tiendo en diversos puntos depósitos verdoso-amari- llentos, con impresiones de moluscos de agua dulce y de vegetales, vestigios de antiguas lagunas de esa época.
La parte superior del pampeano inferior está li- mitada por una formación marina, que en otros pun- tos deja lugar á depósitos lacustres que se internan en el interior de la provincia.
En la ciudad de Buenos Aires, el pampeano infe- rior se eleva de 4 á 7 metros encima del nivel del agua del rio y desciende hasta 30 metros debajo de este, de manera que presenta acá aproximadamente unos 40 metros de espesor, aumentando todavía mas, háciael Sur.
Los fósiles que contiene esta sub-formacion son en gran parte característicos de este horizonte. En- tre los mamíferos predominan el Diccelophorus la- tidens , Canis bonaeriensis, Canis ensenadensis, Typotherium cristatum , Pachyrucos bonae- riensis, Hippidion compressidens, Macrauche- nia ensenadensis, Scelidotherium Capellini, Mastodon platensis, Hoplophorus imperfectus, etc.
En La Plata, las grandes excavaciones ejecutadas para la construcción del puerto, en la Ensenada, han puesto á descubierto las capas del pampeano infe- rior hasta una profundidad de 7 á 8 metros debajo del nivel del agua del rio, proporcionando una oca- sión para su estudio que no se presentará quien sabe dentro de cuantos años.
Uno de los resultados mas imprevistos ha sido la constatación, de que el pampeano inferior está sub- dividido en dos secciones por una capa de origen marino que se interpone mas ó ménos en la mitad de su espesor con un grueso de t á 3 metros. Esta capa marina se ha encontrado en las excavaciones del puerto, precisamente en el fondo de la excava- ción, á 7 metros debajo del nivel del agua del rio. Está formada por una capa de color pardo, verdoso, algo arenosa y aglomerada por un cemento calcáreo en el que se ven innumerables impresiones de mo- luscos marinos, particularmente de los géneros Aza- ra, Cardium y Ostrea , conjuntamente con nume- rosos Balanus, de los que ha desaparecido casi por completo el esqueleto calcáreo. La existencia de esta
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capa en la ciudad de Buenos Aires la he podido constatar por el examen de las muestras extraídas de les pozos semi-surgentes, y parece se extiende á una parte considerable de la provincia, pues se ha encontrado en los Altos Verdes, partido del Sala- dillo, cerca del rio Salado, á mas de 80 metros de profundidad déla superficie del suelo.
Tenemos así los indicios mas evidentes de que hacia la mitad de la formación del pampeano infe- rior, en los primeros tiempos de esta época, hubo un abajamiento del suelo durante el cual las aguas del Atlántico ocuparon una parte conside- rable déla provincia; pero esta invasión parece no fué de larga duración, retirándose pronto otra vez léjos de sus límites actuales, cubriéndose los de-
pósitos marinos con la parte superior de la sub-for- macion del pampeano inferior, que es de origen ab- solutamente fluviátil y sub-aéreo.
La parte superior del pampeano inferior, que des- cansa encima de la capa marina mencionada, tiene en La Plata un espesor de 12 á 15 metros, habién- dose encontrado en ella una gran cantidad de fósiles, puestos casi todos á descubierto por las grandes ex- cavaciones del puerto. En ciertos puntos se han des- cubierto verdaderas acumulaciones de huesos hechas evidentemente por el hombre, como lo demuestran las trazas de percusión y pulimento que muchos de elfos presentan en la superficie.
Las especies de mamíferos fósiles característicos de este horizonte encontradas en el pampeano infe-
CORTE GEOLÓGICO DE L.\ PLATA, AL RlO DE La PLATA
t y 2. Formación cuaternaria. — (i) Piso pístense (Cuaternario superior). — (2) Piso querandino (Cuaternario inferior).— 3. Formación pampeana. — 3 a. Formación marina interpampeana (piso belgranensel que separa el pampeano superior (piso bo- naerense) del pampeano inferior (piso ensenadense). — 3 b. Segundo estrato de formación marina intercalado en el pampeano in- ferior (piso ensenadense).
rior de la Ensenada, son : Üicoelophorus látidens, Arctotherium bonaerense, Canis ensenadensis, Typotheriwn cristatum, Toxodon ensenaden- sis, Hippidion compressidens , Macrauchenia ensenadensis, Scelidotherium Capellini , Glyp- todon Muñizii, Hoplophorus imper fectus, Chla- mydotherium sp? y Propraopus grandis.
E11 la parte basal de las barrancas del Paraná, en San Nicolás y Rosario, se han encontrado casi todas las especies del pampeano inferior de Rueños Aires y déla Ensenada, conjuntamente con depósi- tos de ceniza volcánica fuertemente endurecida.
En Córdoba, á lo largo del Rio Primero, el pam- peano inferior se presenta en la parte basal de las barrancas, formado por una capa de arcilla rojiza, generalmente con muy poca arena,